El panteón de los Repatriados de Ultramar en el cementerio de Les Corts: un proyecto de Pere Falqués i Urpí


El monumento funerario más destacado del cementerio de Les Corts es sin duda el panteón erigido en memoria a los soldados Repatriados de Ultramar. Esta imponente obra que ocupa la zona central del departamento III, fue un encargo del Ayuntamiento de Barcelona al arquitecto municial Pere Falqués i Urpí, quien llevó a cabo el proyecto ajustándose a los deseos del promotor: (1)

Acordar haber visto con singular complacencia la obra realizada por el Arquitecto Jefe de Urbanización y Obras P. Falqués, autor del proyecto del mausoleo ejecutado en el cementerio de Las Corts para contener de forma individual los restos de los 722 cadáveres de los soldados que subcumbieron en esta ciudad a consecuencia de las guerras coloniales, por haber interpretado con diligencia y acierto los propósitos del Excmo. Ayuntamiento encaminados a honrar de manera digna y completa la memoria de los que fallecieran en defensa de la patria.(2)

Panteón de los Repatriados de Ultramar según proyecto del arquitecto municipal Pere falqués i Urpí. Departamento III, cementerio de Les Corts, Barcelona
Placa conmemorativa del Ayuntamiento de Barcelona a los repatriados de ultramar

El Panteón de los Repatriados de Ultramar se construyó para sepultar los cuerpos de los soldados que habían luchado en la Guerra de Cuba y Filipinas y que habían fallecido en el Sanatorio de la Cruz Roja de Barcelona. El número de inhumaciones figura en la placa de la última cripta. En total el monumento alberga los restos de 732 soldados de entre los cuales, se desconoce la identidad de los siete últimos. Aun así la inscripción de la Federació de Repatriats con fecha 28 noviembre 1904 cita 726. En el interior de la primera cripta, en la lápida conmemorativa, se menciona un total en 734 y en el documento arriba aludido, el Ayuntamiento habla de 722 cadáveres.

Cuarta cripta. Lápida con los nombres y apellidos de los soldados inhumados. A partir del nº 726, una cruz pone de manifiesto la identidad desconocida de los últimos siete cuerpos que fueron enterrados en esta cámara
Lápida de mármol conmemorativa de la Federación de Repatriados de Ultramar situada en el acceso al panteón
Lápida conmemorativa situada en la entrada a la primera cripta. En la inscripción figura 734 como el número de soldados enterrados en el panteón

En 1896 el consistorio había cedido unos nichos a las víctimas de la Guerra de Cuba y Filipinas que habían fallecido en el Sanatorio de la Cruz Roja. (3) L´Arxiu Municipal del Districte de Les Corts conserva una carta datada del 30 de diciembre de 1896 en donde figura que el Ayuntamiento, cede voluntariamente los terrenos y expresa la intención de erigir un monumento en memoria de los finados. Pero el Panteón no se finalizó hasta 1904 año en que consta documentalmente la colocación de una lápida conmemorativa, (4) así como la ceremonia de inauguración la mañana del 31 octubre 1904. Esta contó entre sus asistentes con la presencia de numerosos soldados supervivientes en la contienda de ultramar, más representantes del clero así como y el alcalde de Barcelona Dr. Gabriel Lluch.

Lunes 11 de octubre de 1904. Traslado de los restos de veinte soldados desde el cementerio del Sud Oeste, hasta su emplazamiento definitivo en el Panteón de los Repatriados de Ultramar en el cementerio de Les Corts, Barcelona. Procedencia imagen: Nuevo Mundo. Foto Sautés
31 de octubre de 1904, inauguración del panteón. Procedencia de la imagen: La Ilustración Artística. Foto A. Merletti

El mismo mes y año el Ayuntamiento de Barcelona encargó ochenta lápidas más, destinadas al Panteón así como una reja de hierro para rodear todo el perímetro del monumento. (5) El mausoleo realizado en piedra de Montjuïc, imita la estructura de un fortín militar. En la parte central se alza un túmulo coronado por una cruz. El acceso a las criptas se realiza mediante unas escaleras situadas en la parte frontal que se bifurcan a ambos lados y descienden hasta un corredor estrecho que conduce a las cámaras. En el interior encontramos los nichos numerados y una placa con el número que identifica a cada soldado. En la actualidad, el Panteón de los Repatriados de Ultramar se encuentra en un amentable estado de conservación.

Escaleras de acceso a las criptas

Interior del panteón

Se trata de un monumento simétrico cuyo interior se divide en cuatro cámaras sepulcrales o criptas todas ellas iguales, comunicadas entre sí mediante unos pequeños corredores, en los cuales figuran las distintas placas con los nombres correspondientes a los soldados enterrados en cada una de las criptas. Las cámaras no se encuentran todas al mismo nivel. Existe un pequeño desnivel entre la segunda y la tercera que se salva mediante unos peldaños que permiten descender del segundo al tercer espacio.

Pasillo de comunicación entre la primera cripta y la segunda
Cripta segunda
Acceso que da paso a la tercera cripta
Desnivel entre la tercera cámara y la cuarta
Placas con los nombres y apellidos de los soldados inhumados en el interior de la cuarta cámara

Cada cámara está cubierta por bóveda de arista con un óculo central abierto que permite la entrada de luz cenital. Para facilitar el desagüe de las aguas pluviales, el pavimento de cada cámara está provisto de unos pequeños orificios de drenaje.

Cubierta de vuelta de arista. Óculo cenital que permite la entrada de luz natural a las cámaras

El Panteón de los Repatriados de Ultramar del cementerio de Les Corts es un monumento vinculado a otros panteones realizados en territorio español para conmemorar a los soldados fallecidos en la guerras coloniales. En el caso del panteón de Les Corts, se trata de un monumento proyectado para albergar inhumaciones individuales en las cuales podemos identificar el nombre y apellido de cada soldado que dio su vida durante las guerras de ultramar.

Artículo registrado en Safe Creative Commons Attribution-NoDerivatives 4.0 International (CC BY-NC-ND 4.0). Esta licencia autoriza la utilización íntegra del texto sin fines comerciales ni modificaciones y citando siempre la autoría

Referencias

(1) Entre la documentación que forma parte del fondo personal del arquitecto Pere Falqués i Urbí y que se conserva en el AHCB, localicé un documento que citaba al arquitecto como  autor del proyecto del Panteón de los Repatriados de Ultramar. Cuando en el año 2015 inicié un trabajo de investigación sobre el cementerio de Las Corts, no encontré ninguna otra referencia anterior sobre la autoría del monumento ni en los archivos, ni entre la escasa bibliografía publicada sobre este recinto funerario. En aquel momento asumí que se trataba de una información inédita. Sin embargo poco antes de finalizar la primera parte de la investigación, localicé un artículo en El País publicado en 2010 titulado «Fortines caribeños», en donde se hacía eco de la autoría del proyecto. El autor del artículo es el escritor Xavier Theros. Me pareció que a pesar de haber localizado un documento en el AHCB que citaba específicamente a Pere Falqués i Urpí como el autor del proyecto del monumento de los Repatriados de Ultramar, la información ya había sido dada a conocer con anterioridad. Añadir también que la noticia apareció publicada en la prensa de la época como podemos leer en GARCIA LLANSÓ, A.  «Monumento construido por el Ayuntamiento de Barcelona y dedicado á los Repatriados de Ultramar, inaugurado el 31 de octubre último» en La Ilustración Artística, Barcelona 7 noviembre 1904,  nº 1.193, p. 734 así como en «Panteón de los Repatriados» en Nuevo Mundo, jueves, 21 julio 1904, nº 550
(2) Butlletí Oficial de la Provincia 1904, p. 229. Fons privat Pere Falqués i Urpí. AHCB3-294/5D.27
(3) Prestar gratuitamente los nichos de propiedad municipal a los muertos procedentes de la Guerra de Cuba y Filipinas. Cruz Roja, 1896. 5.1. Gestió d´equipaments sanitaris. 5.1.1. Cementiri 1866-1898. 5.1. Cementiri C-36. Arxiu Municipal del Districte de Les Corts
(4) En el Butlletí Oficial de la Provincia del mes de noviembre de 1904 que pude localizar entre la documentación que forma parte del fondo privado del arquitecto Pere Falqués i Urpí conservado en el Arxiu Històric de Barcelona, en el capítulo dedicado a la Comisión de Cementerios, se recoge la concesión a D. Modesto Serra i Capdevila, Presidente de la Federación Española protectora de los Repatriados de Ultramar, para colocar una lápida conmemorativa en el panteón de sus compañeros
(5) El precio de estas lápidas ascendió a 440 pts. Butlletí Oficial de la Provincia 1904, p. 262. Fons privat Pere Falqués i Urpí. AHCB3-294/5D.27

BIBLIOGRAFÍA

GARCIA LLANSÓ, A.  «Monumento construído por el Ayuntamiento de Barcelona y dedicado á los Repatriados de Ultramar, inaugurado el 31 de octubre último» en La Ilustración Artística, Barcelona 7 noviembre 1904, nº 1.193, p. 734 (Foto A. Merletti)

«Panteón de los Repatriados» en Nuevo Mundo, jueves, 21 julio 1904, nº 550 (foto Sautés)

RIERA, Carme. Els cementiris de Barcelona, Barcelona, Edhasa, 1981

Fuentes documentales

Butlletí Oficial de la provincia 1904, p. 229. Fons privat Pere Falqués i Urpí. AHCB3-294/5D.27
Prestar gratuitamente los nichos de propiedad municipal a los muertos procedentes de la Guerra de Cuba y Filipinas. Cruz Roja, 1896. 5.1. Gestió d´equipaments sanitaris. 5.1.1. Cementiri 1866-1898. 5.1. Cementiri C-36. Arxiu Municipal del Districte de Les Corts

Recursos electrónicos

THEROS, Xavier. Fortines caribeños [en línia]. El País [consulta: diciembre 2015]. Disponible en: https://elpais.com/diario/2010/08/12/catalunya/1281575251_850215.html

El cementerio de Torroella de Montgrí, 1817. Uno de los primeros recintos funerarios construidos extramuros

El cementerio municipal de Torroella de Montgrí (Baix Empordà, Girona) se encuentra emplazado en la calle Josep Carner s/n. Esta vía que toma el nombre del Camí Vell de Torroella (Camino Viejo de Torroella ), une dicha localidad con el vecino municipio de Ullà.

Del recinto funerario de Torroella cabe destacar que se trata de uno de los primeros cementerios de la provincia, que se construyó alejado del núcleo de población tal y como dictaminaba la legislación vigente desde 1787. El Campo Santo o sementiri nou como se conocía a esta nueva necrópolis en la época de su consagración, data del año 1817.

Los nuevos recintos funerarios alejados de los núcleos urbanos: un profundo cambio de mentalidad en materia funeraria

El actual cementerio no fue el primer espacio del municipio destinado a acoger las inhumaciones. Antiguamente Torroella de Montgrí contaba con tres necrópolis situadas intramuros: el cementerio parroquial al amparo de la iglesia de Sant Genís, el cementerio del convento de Sant Agustí (1) y el cementerio del Hospital en donde eran sepultados aquellos que habían fallecido en el antiguo Hospital de Pobres i Malalts (de Pobres y Enfermos). Durante el siglo XVIII se abrirá un cuarto recinto en la vecina localidad de L´Estartit, el cementerio de santa Anna que se hallaba adjunto a la iglesia parroquial.(2) L´Estartit no se constituye como municipio y depende jurisdiccionalmente de Torroella de Montgrí. A pesar de encontrarse subordinados a la parroquia de Sant Genís, sus habitantes contaban con un pequeño edificio religioso situado en la Plaza de Santa Anna, justo en el emplazamiento en donde se halla la iglesia actual.

El que una comunidad contara con diversos cementerios y todos ellos ubicados dentro del núcleo urbano, no era un hecho extraordinario. Antiguamente los cementerios se encontraban en el interior de las poblaciones y no fue hasta el siglo XVIII, que empezaron a ser cuestionados por razones de higiene y salubridad a raíz de la aparición de diversos brotes epidémicos. La eliminación de los cementerios intramuros fue la culminación de un proceso iniciado en Francia a mediados del siglo XVIII  promovido por las corrientes higienistas ilustradas que propició un cambio de mentalidad profundo en materia funeraria. Los higienistas clamaban a la necesidad de enterrar a los difuntos alejados de los núcleos de población.

En España en 1784  el rey Carlos III prohibió las inhumaciones dentro de los edificios religiosos salvo en contadas excepciones y dictaminó la construcción de recintos funerarios, alejados de las poblaciones.(3) Dicha medida quedó ratificada el 3 de abril de 1787 mediante Real Cédula que exigía el emplazamiento de los cementerios en lugares situados fuera de las poblaciones (…) en sitios ventilados e inmediatos a las parroquias, y distantes de las casas de los vecinos; y se aprovecharan para capillas de los mismos cementerios las ermitas que existan fuera de los pueblos.(4) En la práctica la Real Cédula tuvo escasa repercusión y de manera reiterada, se dictaminaron nuevas disposiciones hasta que progresivamente asistiremos al nacimiento de nuevos cementerios emplazados en parajes alejados de los centros de población. La resistencia a enterrar a los difuntos en recintos apartados del núcleo urbano se debía en gran medida, a la desconfianza que generaba el hallarse retirado del amparo de un centro religioso y por consiguiente, de privar al difunto de los beneficios espirituales y profilácticos que comportaba la inhumación cercana a un edificio religioso.

El Reglamento del 8 de abril de 1833 dictaminaba que los nuevos cementerios se construyeran con fondos municipales aunque su custodia, seguía bajo las autoridades religiosas. Pero el cambio de mentalidad propiciado por las corrientes higienistas, comportó que las cuestiones relativas a las inhumaciones se convirtieran en un asunto de salud pública, y no exclusivo del ámbito eclesiástico. Progresivamente la figura del médico tomará mayor protagonismo poniendo fin al monopolio que la Iglesia había ejercido durante siglos en materia funeraria. La relevancia del facultativo se verá materializada en los reglamentos que exigirán en función de número de habitantes de cada población, la construcción en los nuevos recintos funerarios de una sala de autopsias y un depósito de cadáveres. Las superficies antes ocupadas por los cementerios parroquiales, las llamadas sagreres, se convertirán progresivamente y a lo largo del siglo XIX en espacios públicos, en las actuales plazas junto a las iglesias parroquiales. Torroella de Montgrí seguirá las directrices de este plan urbanístico transformando su antiguo cementerio parroquial, situado al amparo de la iglesia de Sant Genís y junto al Palau Lo Mirador, en espacio público.

El nuevo cementerio de Torroella de Montgrí: una temprana construcción extramuros en el camino de Ullà

Torroella de Montgrí fue junto con Palafrugell (1816) (5), Figueres (1817) (6) y Girona (1809), (7) uno de los primeros municipios de la provincia en contar con un nuevo recinto funerario construido extramuros y por tanto, uno de los primeros municipios en acogerse a la legislación vigente en materia funeraria figurando entre las primeras poblaciones que se ajustarán a la prohibición de enterrar a sus difuntos dentro del núcleo urbano.

Cementerio municipal de Torroella de Montgrí (Baix Empordà, Girona) situado en la C/. Josep Carner. Acceso a la zona más antigua del recinto inaugurada en 1817. La necrópolis quedaba alejada del núcleo urbano tal como disponía la Real Cédula de 1787. El cementerio se halla al noroeste de la población y para acceder a él, se debe cruzar la actual Avenida Lluís Companys y dejar atrás la que fuera la antigua muralla que rodeaba la villa medieval

El emplazamiento del nuevo recinto se sitúa frente a la capilla del Roser siguiendo las disposiciones de la Cédula Carolina de 1787 que dictaminaba que los nuevos recintos funerarios, aprovecharan como capillas los edificios religiosos situados fuera de la población.

Es necesario aclarar que no estaba permitida la inhumación en un nuevo recinto funerario hasta que éste no estuviera consagrado esto es, hasta que el correspondiente representante de la Iglesia no lo hubiera bendecido. El nuevo cementerio de Torroella no fue una excepción y el acto de bendición del campo santo que permitió dar sepultura en su interior, se llevó a cabo el 30 de septiembre de 1817. Recuperamos aquí un texto de Josep Riera i Torrent publicado en el Llibre de la Festa Major de Torroella de Montgrí del año 1993 y que hace referencia a las defunciones habidas poco antes de la consagración del nuevo recinto. (8) La interesante documentación sacada a la luz por el autor, fue extraída del Libro de Óbitos de la parroquia y nos habla del procedimiento de sepultura previo al acto de bendición del nuevo campo santo. El día 6 de septiembre de 1817 falleció en Torroella de Montgrí Francisco Tauler que fue sepultado en la capilla de Nostra Sra. del Roser frente al cementerio, ya que éste aún no había sido bendecido. Se trataba de una inhumación de carácter temporal porque Francisco Tauler, debía ser enterrado de manera definitiva en el nuevo recinto tan pronto como éste hubiera sido consagrado. Todos los fallecidos con anterioridad al acto de bendición, fueron sepultados de manera provisional en la capilla del Roser.(9) Otro ejemplo lo hallamos en Thersa Rotllant natural de Vilacolum, quien fallecía el 27 de septiembre de 1817 y al igual que Francisco Tauler, recibió sepultura provisional en la capilla:

A son Cadaver se ha enterrat en la capella del Roser per donarlos a ella y los mes, que sigan enterrats, per donarlos Sepultura Iglca (Iglesiastica) en los Sementiri del Campo Santo, luego que siga beneït (10) 

El cementerio de Torroella de Montgrí se emplaza en un lugar privilegiado, a los pies del macizo del Montgrí y frente a la capilla del Roser, una construcción de inicios del siglo XVI que ha funcionado como capilla del recinto funerario
Capilla del Roser frente al cementerio municipal lugar de inhumación temporal de todos aquellos que habían fallecido antes de la bendición del nuevo campo santo o Sementiri nou (cementerio nuevo)

El Acta de bendición del cementerio redactada en el obituario de la parroquia de Torroella de Montgrí fue recogida por Josep Riera:

El dia trente de Setembre de mil vuit cens diset certifico yo baix firmant, per comissió del Sr. V. G. y Go. vas benehir ab la assistencia de la Rt Comunitat el Campo Santo, o el Sementiri nou qe es a devant de una capella del Roser de Fora. Vde. Dalmau Sagrista Econo y si han posat tots los Albats, que morien desde el 12 de Sete  (11) 

Una vez consagrado el nuevo recinto se inhumarán en él no solo los habitantes de Torroella, sino también los de L´Estartit y los de otras poblaciones como queda patente en la antes citada Thersa Rotllant, natural de Vilacolum (Alt Empordà, Girona). Aclaramos que los albats a los que menciona el texto y que fueron enterrados en el nuevo cementerio tras la consagración, hacen referencia a los recién nacidos, los niños/as que habían fallecido sin tener aún uso de la razón y por consiguiente, quedaban libres del pecado original. Recibían ahora definitiva sepultura en lo sementiri nou todos aquellos albats finados desde el día 12 de septiembre y que no habían podido ser inhumados en el nuevo recinto.

El autor Josep Vert i Planas en su obra El Temple parroquial de Sant Genís, Torroella de Montgrí añade que en 1817 es decir, el mismo año de la consagración del recinto, se trasladaron los restos del cementerio antiguo (el parroquial situado junto a la iglesia de Sant Genís) al nuevo cementerio emplazado en el camino de Ullà. (12)  Suponemos que el traslado de cadáveres y restos humanos no debió de diferir mucho del efectuado ese mismo año en Palafrugell (Baix Empordà, Girona) y en donde se constata, una clara voluntad por preservar los intereses higiénico-sanitarios. Atendiendo al ejemplo de Palafrugell que no hacía más que seguir las recomendaciones en dicha materia, el traslado de los cuerpos, despojos humanos y monda del cementerio parroquial de Sant Genís hasta el nuevo recinto situado extramuros, debió realizarse bien entrada la noche buscando el momento de menor temperatura para mejorar las condiciones higiénicas. Los cuerpos y restos en diferente estado de descomposición se transportaban en parihuelas y tapados con mantas o sábanas hasta el nuevo cementerio. Por razones profilácticas y para favorecer el ascenso de los vapores mefíticos y miasmas, se debieron de encender fuegos en parrillas elevadas durante todo el trayecto. Una vez en el nuevo recinto la monda de cuerpos se depositó en grandes hoyos previamente cavados para tal fin. (13)

El autor Josep Riera saca a la luz otro dato de interés esta vez, relativo al cierre temporal del recinto en 1818 por no hallarse en condiciones de recibir nuevas inhumaciones. Falleció en Torroella de Montgrí el dia 27 noviembre 1818 Genis Polit quien tras haber recibido los correspondientes sacramentos de la parroquia de Sant Genís, fue sepultado al día siguiente en la capilla del Roser y no en el nuevo campo santo. A partir de ahora los cadáveres serán enterrados de nuevo en el cementerio parroquial, en el cementerio de Santa Anna de L´Estartit y en el del Hospital. No se realizará otra inhumación en el nuevo campo santo hasta 1830, año en que el recinto se encontrará nuevamente operativo. Hay que puntualizar que los habitantes de L´Estartit seguirán sepultándose en el cementerio de Santa Anna a pesar de la reapertura del recinto de Torroella.(14)

Con el nacimiento de los cementerios emplazados lejos del núcleo de población y gestionados por los ayuntamientos, se iniciará un cambio de mentalidad en relación a la muerte que culminará con la finalización del monopolio ejercido por la Iglesia en materia funeraria. Enterrar a un difunto no solo era una cuestión religiosa sino principalmente, de salud pública e higiene.

División sectorial del recinto

Torroella de Montgrí cuenta con un recinto funerario de dimensiones modestas y cuyo atractivo radica en su sencillez, en el encalado de sus muros, hipogeos y nichos capaces de reflejar esa luz del Mediterráneo tan especial y característica. Presenta además un emplazamiento privilegiado a los pies del macizo del Montgrí, en la comarca del Baix Empordà (Girona). El cementerio de Torroella conserva su carácter rural lo cual le confiere un encanto muy especial. Las nicherías dispuestas a lo largo y ancho de los muros y bloques y con no más de cuatro pisos de altura, guardan entre si cierta uniformidad lo que otorga al recinto unidad de conjunto, sin elementos de dudoso gusto ni estridencias. Algunos de ellos incluyen el retrato del difunto dentro de un pequeño marco oval.

La actual necrópolis es el resultado de diversas ampliaciones y mejoras llevadas a cabo a fin de satisfacer las necesidades de un municipio en expansión. La totalidad del recinto (zona antigua más ampliaciones) presenta una superficie marcadamente rectangular dividida en tres sectores bien diferenciados: la parte más antigua esto es, la inaugurada en 1817, una zona que se prolonga a poniente e iniciada con la primera expansión del recinto a principios del siglo XX y un tercer sector, que discurre paralelo al anterior y cuyo muro de cierre se extiende a lo largo de la calle Josep Carner. Esta zona corresponde a las últimas ampliaciones efectuadas en el recinto.

  • La zona más antigua es claramente identificable: el acceso principal se abre al primitivo núcleo de planta rectangular en el cual, se impone la nueva tipología arquitectónica predominante en el ámbito mediterráneo.(15) Rodeado por nichos en todos los muros perimetrales de cierre este modelo de planta permitía una organización jerárquica y racional del espacio, que es deudora por un lado de la influencia del cementerio de Pisa construido en 1277 por Giovanni di Simone y por otra, de la de los antiguos carnarios existentes en el interior de las poblaciones. (16)

El muro que cerraba la primera necrópolis por la zona de poniente cuenta en la actualidad con tres accesos, que dan paso a la ampliación efectuada a principios del siglo XX.

Dos vías principales atraviesan la superficie de norte a sur y de este a oeste formando una cruz. En la intersección se encuentra la única sepultura monumental de todo el recinto: el panteón de la familia Huguet. Su emplazamiento en el centro del recinto y sobre el eje principal desde el acceso al recinto, marca claramente la jerarquización del espacio destinado a las inhumaciones. A mano izquierda y según se accede al recinto, se localiza una segunda sepultura de menor envergadura, compuesta por una gran lápida rodeada por una reja de hierro forjado y de la que no he podido identificar hasta día de hoy a quién pertenece. Los dos caminos principales dividen el recinto en cuatro zonas cuadrangulares de parterres, atravesados en diagonal por un camino secundario. En el sector Sureste se encuentra desde el año 2010 un cinerario de tres metros cúbicos en forma de pirámide, construida en acero llamado el Jardí del Repòs (Jardín del Reposo).

El aspecto de jardín ordenado que presenta en la actualidad el primitivo núcleo funerario seguramente poco tiene que ver con su apariencia originaria, que se hallaría más próxima a las imágenes decimonónicas de cementerios que nos dejó el pintor Modest Urgell.

Acceso principal desde la parte interior del recinto y que da paso al sector más antiguo del cementerio
Panteón de la familia Huguet situado en el centro del primer núcleo funerario. El grupo de nichos que discurre tras el panteón, corresponde al límite del recinto hasta principios del siglo XX cuando tuvo lugar la ampliación del cementerio. A mano izquierda se distingue el pequeño acceso que se abre paso a dicha la ampliación
Tumba situada a mano derecha del panteón Huguet. Al fondo se distingue el cierre perimetral por la zona sur que aprovecha el grosor del muro para albergar el conjunto de nicherías
Jardí del Repòs en un extremo del sector más antiguo del recinto. Cinerario construido en el año 2010
  • El segundo sector al que me he referido eso es, el iniciado con la expansión del recinto a principios del siglo XX, ocupa una extensión que se prolonga a poniente y se divide en tres calles longitudinales y tres transversales. El muro de contención por la cara norte discurre trazando una ligera diagonal respecto a la calle Josep Carner. Entre la última calle transversal y el muro de cierre al final del recinto (en dirección a Ullà), se forma un área de superficie casi cuadrada a cuya mano derecha se halla un acceso especial para vehículos. 
Uno de los tres accesos que da paso a la ampliación efectuada a principios del siglo XIX. La calle longitudinal se prolonga a poniente del recinto primitivo. El edificio que vemos al fondo de la imagen forma parte del vecino municipio de Ullà
Calle transversal que forma parte de la ampliación acaecida a principios del siglo pasado. Al fondo de la imagen y a mano izquierda, tras la nichería, se hallaba antiguamente una zona destinada a las inhumaciones comunitarias. Al fondo vemos el tanatorio, edificio inaugurado en 2010 y en último término, el macizo del Montgrí coronado por el castillo homónimo
Sepultura de Vicenç Bou Geli . Ilustre personalidad, en «Vicentet» nació en Torroella de Montgrí en 1885 y falleció en 1962 en su villa natal. Reconocido y aclamado músico y compositor de sardanas, formó parte de la cobla Els Montgrins y compuso obras tan conocidas como Torroella vila vella, Pescadors bons catalans, Girona aimada o Angelina
Entre la última calle transversal y el muro de cierre, llegamos al final del recinto
Zona de acceso destinada a vehículos situada en el sector occidental del cementerio. El espacio comprendido entre las nicherías y el muro de cierre que vemos al fondo de la imagen, corresponde a la última ampliación del recinto

En 2014 – 2015 la empresa concesionaria llevó a cabo una importante mejora que abarcó la casi totalidad del recinto y que consistió en arreglar las paredes de los nichos que se hallaban en mal estado. Mémora realiza además trabajos rutinarios de mantenimiento como son la limpieza de la fachada o el rebozado de los nichos.

Sector que corresponde a la última ampliación del recinto. Al fondo a mano derecha los 56 nuevos nichos construidos en dos bloques por Mémora, la empresa concesionaria. En último término se distingue el acceso adaptado para vehículos desde la calle Josep Carner
Última ampliación vista desde la entrada al cementerio habilitada para el acceso a vehículos desde la calle Josep Carner. Las nuevas nicherías se distinguen a mano izquierda de la foto
Las últimas ampliaciones se aprecian claramente a lo largo del muro de cierre que discurre paralelo a la calle Josep Carner. En la imagen el sector más antiguo corresponde al muro encalado. Justo en este punto se cerraba el antiguo cementerio de 1817 por la zona de poniente

En este artículo he querido acercarme a Torroella de Montgrí, un lugar muy querido por mi y poner en valor a un recinto funerario poco conocido y modesto, destacando sus particularidades y valor histórico. Como reflejo de la ciudad de los vivos, los cementerios municipales se hallan estrechamente ligados a la comunidad a la pertenecen y suponen además, un fiel testimonio del cambio de mentalidad experimentado por la sociedad en materia funeraria, herencia del pensamiento ilustrado de finales del siglo XVIII.

Quiero dedicar este post a todos los habitantes de Torroella de Montgrí que han encontrado reposo en este recinto funerario pero muy especialmente, a cuatro de ellos…

Texto y fotografías registrado en Safe Creative Commons Attribution-NoDerivatives 4.0 International (CC BY-NC-ND 4.0). Dicha licencia autoriza la utilización del texto e imágenes sin fines comerciales ni modificaciones, y citando siempre la autoría.

Referencias

(1) En la actualidad el antiguo convento de Sant Agustí acoge diversos equipamientos municipales

(2) Se desconoce el año de inauguración del cementerio parroquial de Santa Anna pero dado que en el Catastro del año 1757 L´Estartit ya constaba como pueblo, es de suponer que el recinto se hallaría en funcionamiento. En 1790 se documenta una pequeña iglesia y una capilla bajo la advocación de Santa Maria del Mar. El obituario parroquial de Torroella de Montgrí recoge la primera inhumación en lo sementiri del Estartit el 28 de junio de 1821. Aun así estamos seguros que el recinto data del siglo anterior cuando L´Estartit se constituyó como población alrededor de la iglesia de Santa Anna. La distancia que separa dicha población del cementerio parroquial de Torroella de Montgrí es de más de 6 km lo cual, nos plantea la necesidad de un recinto funerario en L´Estartit que evitara el recorrer una distancia que en aquella época, era considerable. Este pequeño cementerio adjunto a la iglesia parroquial se utilizó hasta 1870 cuando se inauguró el cementerio actual situado en la calle Cementiri junto a la carretera de Torroella. AUDIVERT, Marcel-lí. L´Estartit i les Medes. Biografia d´un poble de la Costa Brava, Granollers, Editorial Montblanc-Martin, 1971, p. 39; 51; 55: 311

(3) SANTOJA, Jose Luís. “La construcción de cementerios extramuros: un aspecto de la lucha contra la mortalidad en el Antiguo Régimen” en Revista de Historia Moderna nº 17, 1998-1999, p. 34

(4) GRAU i  FERRANDO, Dolors. Cementiris i sepelis, (Quaderns de la Revista Girona nº 103. Sèrie, Guies nº 42, Girona, Diputació de Girona, Caixa de Girona, 2002, p. 30

(5) Ibidem, .p 31. El recinto de 1816 se encontraba en el Paratge dels Forns pero posteriormente en 1885, se construyó el actual cementerio en la Avinguda de Catalunya, 58

(6) Ibidem, p. 32

(7) Ibidem, p. 31. En relación al recinto que se construyó junto al monasterio de Sant Daniel.

(8) RIERA i TORRENT, Josep. «El cementiri del Campo Santo » en Llibre de la Festa Major de Torroella de Montgrí, 1993, p. 47 – 49

(9) Libro de óbitos de la parroquia de Torroella de Montgrí. Documentación recogida por el autor RIERA i TORRENT, Josep en «El cementiri del Campo Santo » en Llibre de la Festa Major de Torroella de Montgrí, 1993, p. 47

(10) Libro de óbitos de la parroquia de Torroella de Montgrí. Documentación recogida por Josep Riera i Torrent p. 47- 48

(11) Libro de óbitos de la parroquia de Torroella de Montgrí. Documentación recogida por  Josep Riera, p. 48

(12) VERT i PLANAS, Josep. El Temple Parroquial de Sant Genís, (monografies montgrinenques nº 4), Torroella de Montgrí, Museu del Mongrí, Centre d´Estudis i Arxiu- Ajuntament de Torroella de Montgrí, 1984, p. 98

(13) Serie de Correspondencia del Archivo Municipal de Palafrugell. Información recogida por GRAU i  FERRANDO, Dolors. Cementiris…op. cit., p. 31

(14) RIERA i TORRENT, Josep. «El cementiri …» op. cit., p. 49

(15) BERMEJO LORENZO, Carmen. Arte y Arquitectura Funeraria. Los cementerios de Asturias, Cantabria y Vizcaya (1787 – 1936), Oviedo, Universidad de Oviedo, 1998, p. 47

(16) Ibidem, p. 48

BIBLIOGRAFÍA

AUDIVERT, Marcel-lí. L´Estartit i les Medes. Biografia d´un poble de la Costa Brava, Granollers, Editorial Montblanc-Martin, 1971, p. 39; 50 – 51; 55; 311-312

BAILS, Benito. Pruebas de ser contrario á la práctica de todas las naciones y a la disciplina Eclesiástica y perjudicial á la salud de los vivos enterrar los difuntos en las iglesias y los poblados, Madrid, Imprenta de D. Joaquín Ibarra, 1785

BERMEJO LORENZO, Carmen. Arte y Arquitectura Funeraria. Los cementerios de Asturias, Cantabria y Vizcaya (1787 – 1936), Oviedo, Universidad de Oviedo, 1998

GRAU i  FERRANDO, Dolors. Cementiris i sepelis, (Quaderns de la Revista Girona nº 103. Sèrie, Guies nº 42, Girona, Diputació de Girona, Caixa de Girona, 2002

RIERA i TORRENT, Josep. «El cementiri del Campo Santo » en Llibre de la Festa Major de Torroella de Montgrí, 1993, p. 47 – 49

SANTOJA, Jose Luís. “La construcción de cementerios extramuros: un aspecto de la lucha contra la mortalidad en el Antiguo Régimen”, en Revista de Historia Moderna nº 17, 1998-1999

VERT i PLANAS, Josep. El Temple Parroquial de Sant Genís, (monografies montgrinenques nº 4), Torroella de Montgrí, Museu del Mongrí, Centre d´Estudis i Arxiu- Ajuntament de Torroella de Montgrí, 1984

Recursos electrónicos

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El grup Mémora inaugura un nou tanatori a Torroella de Montgrí [en línea]. VilaWeb [consulta: 10 agosto 2020]. Disponible en: https://www.vilaweb.cat/ep/ultima-hora/3750618/20100702/grup-memora-inaugura-tanatori-torroella-montgri-girona.html

El cementerio de Poblenou, un proyecto neoclásico de Antonio Ginesi

Este artículo se centrare solamente en la parte más antigua del recinto funeraio esto es, la proyectada por el arquitecto italiano Antonio Ginesi en 1818 y que corresponde al actual departamento I.

Con anterioridad a la construcción de los cementerios municipales, las inhumaciones se realizaban dentro de las iglesias para las clases sociales más elevadas y para el resto de la población, el lugar destinado correspondía a las fosas o cementerios parroquiales. Este modelo de inhumación empezó a cuestionarse a mediados del siglo XVIII por las corrientes higienistas, que reclamaban la necesidad de enterrar a los difuntos lejos de los núcleos de población. Esta reclamación será finalmente atendida por ley, con la consecuente desaparición lenta y progresiva de los cementerios parroquiales dando lugar al nacimiento de los cementerios municipales.(1)

En el caso de Barcelona los difuntos eran enterrados en las fosas de las parroquias de Santa Maria del Mar, Santa Maria del Pí, Sant Cugat, Sant Pere de les Puel.les, Sant Just i Pastor, Sant Miquel y Sant Jaume. (2) El importante crecimiento demográfico experimentado a lo largo del siglo XVIII en una ciudad todavía comprimida dentro de las murallas medievales, obligaba a vaciar con regularidad las fosas de los diferentes cementerios parroquiales.(3) Siguiendo las corrientes higienistas, los médicos reclamaban la necesidad de ubicar los cementerios lejos de los núcleos de población. Frente a esta necesidad el obispo de Barcelona Josep Climent i Avinet (1706-1781), decidió en 1775 construir el primer cementerio extramuros de Barcelona, en un terreno situado en Sant Martí de Provençals. El Cementiri del Bisbe Climent fue uno de los primeros cementerios de Europa construido fuera murallas (4) y anterior a la prohibición por ley, de enterrar dentro de los núcleos de población. Por su modernidad esta iniciativa provocó un fuerte rechazo entre la población que no aceptaba enterrar a sus difuntos lejos del amparo de un centro religioso. En 1807 el cementerio se hallaba en un lamentable estado de abandono.

El proyecto del bisbe Climent respondía a la urgencia de descongestionar una ciudad con una población creciente, embutida dentro de las murallas medievales y con unas condiciones de insalubridad alarmantes. Se llevaron a cabo diversas iniciativas urbanísticas para descongestionar la ciudad entre ellas, la construcción de un nuevo cementerio fuera de las murallas. En 1815 el Capitán General de Cataluña, Francisco Javier Castaños, exigió el
cumplimiento de la ley que prohibía enterrar dentro de las ciudades.(5) Esta exigencia se materializó en 1818 en tiempos del obispo Sitjar, con la construcción de un nuevo cementerio de estilo neoclásico, proyectado por el arquitecto italiano Antonio Ginesi, y que se alzaba sobre los restos del antiguo cementerio del obispo Climent.

El academicismo del siglo XVIII desembocará en el estilo neoclásico que busca sus referentes en el arte de Roma y Grecia clásica, con un claro predominio de orden, simetría y proporción. Este movimiento artístico tuvo una corta vida en Cataluña. Penetró hacia 1815 y finalizó en 1835 cuando dio paso al movimiento romántico. Los modelos neoclásicos se introdujeron gracias a la Junta de Comerç, que becaba a Roma a los alumnos más aventajados. Los referentes principales fueron los escultores Canova y Thorvaldsen, así como la renovación que supuso el descubrimiento de Herculano en 1738 y Pompeya en 1748.

El proyecto de Ginesi incluía además elementos tanto arquitectónicos como decorativos, procedentes de la cultura egipcia. Este factor generó un profundo rechazo entre un sector de la población, que no estaba acostumbrado a ver determinados modelos incorporados dentro el neoclásico. Esta inclusión se explica por el hecho de que Ginesi había viajado por Egipto y Grecia, además de que la presencia de potencias militares en Extremo Oriente, favorecía la difusión de referentes orientales dentro del neoclásico.(6)

Siguiendo estos principios neoclasicistas Ginesi diseñó un recinto ordenado, simétrico, proporcionado, de planta rectangular, con dos calles principales que se cruzan perpendicularmente en el centro del recinto y que dan lugar a cuatro islas iguales. Su referente fue el cementerio de Liborno.(7)

La fachada presenta una clara simetría con predomino de la horizontalidad siguiendo el precepto de orden y simetría. Encontramos un referente a los modelos egipcios en la casa del capellán y del guardia, diseñadas en forma de pirámide situada en la fachada y una clara alusión al neoclásico, en el uso del orden dórico. En 1840 Josep Mas i Vila realizó la puerta de acceso al recinto, basándose en el diseño de Ginesi. En 1866 sobre pórtico de acceso se colocó el imponente Ángel del Juicio Final obra de Agapit Vallmitjana Barbany. Quiero agradecer a la historiadora @arte_de_fondo el haberme facilitado esta información referente a la autoría, y me haya hecho notar el error comúnmente aceptado en la bibliografía que atribuye el Ángel del Juicio Final a Venanci Vallmitjana. Desde @arte_de_fondo se ha realizado un importante trabajo de campo en los cementerios de Barcelona sobre escultura funeraria que ha permitido corregir muchos de los errores comúnmente aceptados. Así mismo me ha indicado que Agapit Vallmitjana firmó durante un corto periodo de tiempo, como AV. tal y como aparece en el extremo inferior derecho del Ángel del Juicio Final. La firma de su hermano Venanci es muy similar y de ahí que se prestara a la confusión. Me parece importante corregir este error en la autoría de la obra porque finalmente se acaba aceptando como correcta una información que no lo es.(8)

Ángel del Juicio Final de Agapit Vallmitjana sobre el pórtico de acceso al cementerio

Los cementerios municipales contarán con un reglamento que regirá su correcto funcionamiento. La salud pública pasará a ser un tema prioritario el cual, quedará
ampliamente reflejado en dichas reglamentaciones. La figura de médico va adquiriendo mayor relevancia en un ámbito que hasta el momento, era monopolio de la Iglesia. Los reglamentos exigían en función del número de población, que el recinto funerario contara con un depósito de cadáveres o sala de autopsias.(9) A pesar de esta exigencia no será hasta 1860 cuando se dotará al nuevo cementerio de una sala de juntas, una sala de consultas médicas y una sala autopsias, (todo ello a la derecha de la entrada) así como una sala de observación y un depósito de cadáveres (ambos a mano izquierda).(10)

Fachada del Cementerio de Poblenou según proyecto de Antonio Ginesi de 1818. Internet dominio público
Fachada del Cementerio de Poblenou conocido también como cementerio del Este. Proyecto realizado por el arquitecto Antonio Ginesi en 1818. Se trata del primer recinto funerario municipal de Barcelona

En la entrada al recinto. A mano derecha e izquierda y en el suelo, se hallan las sepulturas más antiguas del cementerio que corresponden a las exhumaciones procedentes de las antiguas fosas parroquiales.

Vista interior de la fachada. En el frontón, el escudo del obispo Sitjar
Sepulturas colectivas situadas a mano derecha según se accede al recinto. Corresponden a las exhumaciones procedentes de las fosas parroquiales. Se trata de las sepulturas más antiguas del recinto y datan del periodo de la inauguración. En primer término distinguimos la lápida correspondiente a la monda efectuada en el cementerio parroquial de Santa Maria del Mar en 1819

Otro referente neoclásico se encuentra en el marcado eje de simetría que divide el recinto en dos mitades y que transcurre desde la puerta de acceso, hasta la iglesia. Esta edificación proyectada por Ginesi en 1818, está situada al fondo del cementerio y muestra una clara voluntad por retornar a los modelos griegos, con un pórtico y una columnata dórica, más la incorporación de elementos procedentes de la cultura egipcia como el ouroboros.

Marcado eje de simetría que transcurre desde la puerta de acceso, hasta la iglesia
Vista desde la fachada de la iglesia hacia el acceso al recinto. Apreciamos el marcado eje longitudinal que recorre el cementerio dividiéndolo en dos mitades iguales. Justo en el cruce de las dos calles, se alza el cenotafio en memoria de los fallecidos por la fiebre amarilla y al fondo, vemos el acceso al recinto funerario
Iglesia de estilo neoclásico diseñada por Antonio Ginesi en 1818. El edificio esta situado al final del eje longitudinal. Destacamos el doble frontón con la representación del ouroboros, serpiente alada que se muerde la cola, símbolo del ciclo eterno
Vista posterior de la capilla con la columnata dórica

Ginesi había planteado la construcción de un cementerio igualitario mediante la introducción de nichos pero su proyecto, no cuajó en una sociedad dirigida por una burguesía que no compartía su ideario. Los nichos eran de propiedad y por tanto, todos aquellos que no contaban con suficientes recursos económicos, eran enterrados en la fosa común.(11) La idea de un cementerio igualitario no se materializó nunca y la población con pocos medios, era enterrada en la fosa común. Esta fosa común de planta rectangular, se hallaba en lo que actualmente es el departamento III que transcurre adosado a lo largo del departamento I.

Vista parcial del departamento III antiguamente fosa común. Al fondo a mano derecha, distinguimos la famosa escultura El Beso de la Muerte
El Beso de la Muerte, grupo escultórico encargado por Teresa Soler i Pinto en 1930 al taller de Jaume Barba. Obra realizada por Joan Fontbernat con la colaboración de Artemi Barba, e inspirada en el panteón del cementerio de Milán de Ercole Mentasti, obra ejecutada por Lorenzo Maroni, c. 1910
Cruz monumental situada en el departamento III sobre la antigua fosa común. Proyecto de 1887 de Leandre Albareda ejecutado por José Palmada Ricart

Como ya hemos apuntado anteriormente, Ginesi diseñó un recinto de planta rectangular, divido en cuatro secciones iguales o islas, mediante el cruce de dos calles principales. Recordemos que el cementerio de neoclásico, corresponde al actual departamento I. A continuación vamos a mostrar algunas imágenes de este departamento.

Isla 1ª:

Monumento funerario con la figura yacente de Josefa Garcia Cubera, situado en el centro de la isla 1ª. Este panteón ha sufrido diversas intervenciones. La primera en 1888 la cual se llevó a cabo por Macari Planella Roure. La segunda en 1896 por el arquitecto Pelai de Miquelera de Noriega, quien colocó un nuevo sarcófago obra del marmolista A. Estrada. Finalmente en 1904 se reparó por tercera vez

Isla 2ª:

Panteón central de la isla 2ª de inspiración clásica

Isla 3ª:

Panteón neogótico situado en el centro de la isla 3ª, obra del arquitecto Josep Vilaseca Casanovas
Vista parcial de la isla 3ª

Isla 4ª:

El Panteón Bruguera de estilo neoclásico realizado en 1850. Se halla ubicado en el centro de la isla 4ª
Vista parcial de la isla 4ª
No puedo dejar de mencionar al Santet, nombre con el que se conoce popularmente a Francisco Canals i Ambrós que falleció en 1899 a la edad de 22 años. Se le atribuyen diversos milagros y es objeto de verdadera devoción popular

Departamento II:

Aunque este departamento no forma parte del proyecto de Antonio Ginesi, no quiero finalizar este artículo sin dedicarle un espacio. Se trata del sector en donde hallamos gran parte de los panteones más monumentales de todo el cementerio. Esta zona se encuentra situada detrás de la iglesia, y corresponde a una ampliación del recinto realizada sobre unos terrenos propiedad de Pere Gil.(12)De planta rectangular según el diseño del arquitecto Joan Nolla i Cortés, su construcción se extiende de 1849 hasta 1852. Es un espacio que impone por la monumentalidad de sus panteones, en lo cuales trabajaron arquitectos tan relevantes como Enric Sagnier Villavecchia, Francesc de Paula Villar Lozano, Joan Nolla, Elies Rogent Amat, Pere Bassegoda o Josep Oriol Mestres. Entre los escultores cabe destacar a Venanci Vallmitjana, Rafael Atché Farré, Fabiani, Joan Roig Solé y los hermanos Baratta.

Vista parcial del departamento II
Vista parcial del departamento II. A la derecha vemos el panteón obra del arquitecto Enric Sagnier Villavecchia

Post registrado bajo licencia Safe Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike 4.0 International (CC BY-NC-SA 4.0). Este artículo ya había sido publicado en mi blog anterior el día 30 noviembre 2018

Referencias

(1) Cédula Carolina del 3 de abril de 1787
(2)CATALÀ I BOVER, Lídia; MARÍN I SILVESTRE, Maria Isabel; MARTÍ I LÓPEZ, Elisa. Un passeig pel cementiri de Poble Nou, Barcelona, Ajuntament de Barcelona/Cementiris de Barcelona, S.A., 2004, p. 18
(3) Ibidem, p. 18
(4) MARTÍ I LÓPEZ, Elisa. El Cementiri de Montjuïc. Sommis de Barcelona, Barcelona, Ajuntament de Barcelona/Cementiris de Barcelona, S.A., 2008, p. 26
(5) CATALÀ I BOVER, Lídia; MARÍN I SILVESTRE, Maria Isabel; MARTÍ I LÓPEZ, Elisa. Un passeig pel cementiri…, op. cit., p. 23
(6) Ibidem, p. 27
(7) Ibidem, p. 29
(8) Quiero agradecer a @arte_de_fondo el haberme informado acerca de la autoría de esta obra que además, permitió aclarar la cuestión de las firmas entre los hermanos Vallmitjana. Como me indicó, el origen del error puede hallarse en los textos de Feliu Elias y J.F. Ràfols. Ver ELIAS, Feliu. L´escultura catalana moderna, Barcelona, Editorial Barcino, 1928, p. 219 y RÀFOLS, J.F. Diccionario biográfico de artistas de Cataluña, Vol. III, Barcelona, Editorial Millá, 1953, p. 195
(9) FERNÁNDEZ ALVÁREZ, Ana. “El Cementiri de Sant Nicolau: un disseny urbanístic original i únic a Catalunya”, en Recerques, sin fecha, p. 175
(10) CATALÀ I BOVER, Lídia; MARÍN I SILVESTRE, Maria Isabel; MARTÍ I LÓPEZ, Elisa. Un passeig pel cementiri…, op. cit., p. 106
(11) MARTÍ I LÓPEZ, Elisa. El Cementiri de Montjuïc…, op. cit., p. 26
(12) CATALÀ I BOVER, Lídia; MARÍN I SILVESTRE, Maria Isabel; MARTÍ I LÓPEZ, Elisa. Un passeig pel cementiri…, op. cit., p. 110

BIBLIOGRAFÍA

CATALÀ I BOVER, Lídia; MARÍN I SILVESTRE, Maria Isabel; MARTÍ I LÓPEZ, Elisa. Un passeig pel cementiri de Poble Nou, Barcelona, Ajuntament de Barcelona/Cementiris de Barcelona, S.A., 2004
ELIAS, Feliu. L´escultura catalana moderna, Vol. II, Barcelona, Editorial Barcino, 1928, p. 212 – 215
FERNÁNDEZ ALVÁREZ, Ana. “El Cementiri de Sant Nicolau: un disseny urbanístic original i únic a Catalunya”, en Recerques, sin fecha
MARTÍ I LÓPEZ, Elisa. El Cementiri de Montjuïc. Sommis de Barcelona, Barcelona, Ajuntament de Barcelona/Cementiris de Barcelona, S.A., 2008
RÀFOLS, J.F. Diccionario biográfico de artistas de Cataluña, Vol. III, Barcelona, Editorial Millá, 1953, p. 194 – 195

La secularización de los cementerios y su contribución a la creación de una sociedad moderna

Antes de la construcción de los cementerios tal y como los conocemos actualmente, los difuntos procedentes de los estamentos sociales más elevados se enterraban dentro de las iglesias. El resto de la población que era la mayoría, lo hacía en las fosas o cementerios parroquiales que se encontraban alrededor de los edificios religiosos. Las inhumaciones tenían lugar siempre en el suelo y solo marcadas por una cruz en aquellas más recientes. (1) La costumbre de enterrar alrededor de un centro religioso era muy primitiva. Se insistía en la necesidad de ser enterrado cerca del edificio religioso por diversas razones entre ellas, por el paralelismo entre la fe y Dios así como por la proximidad física después de la muerte. En otras palabras estar enterrado junto a una iglesia, suponía estar más cerca de Dios. Otra de las razones que se alegaba se sustentaba en el hecho de que los familiares tendrían más presente a sus difuntos y por tanto rezarían más por ellos, si veían con frecuencia sus sepulturas esto es, cada vez que acudieran a la iglesia. Y tanto mejor si los encomendaban al santo titular de la misma. Por último era necesario enterrarse junto a un edifico religioso por razones profilácticas, de protección: los demonios no podían aproximarse a las iglesias. (2) Estas creencias fuertemente arraigadas entre la población, perdurarán durante siglos. De hecho no será hasta mediados del siglo XVIII que los antiguos cementerios parroquiales empezarán a ser cuestionados por razones de insalubridad. Este cuestionamiento tuvo su origen en Francia en donde las corrientes higienistas de mediados de siglo, planteaban la necesidad de enterrar a los difuntos alejados de los núcleos de población. En 1776 Luís XVI prohíbe los entierros dentro de los núcleos urbanos y posteriormente, ordena la destrucción del Cementerio de los Inocentes. (3) Esta tendencia se extenderá y generalizará por toda Europa.

España seguirá el modelo francés y en 1784 Carlos III prohíbe las inhumaciones dentro de los edificios religiosos, a excepción de algunos casos y dictamina además la construcción de los recintos funerarios fuera de las poblaciones. (4) Esta medida quedará ratificada el 3 de abril de 1787 mediante Real Cédula. (5)

El cambio de actitud vino propiciado por un violento brote de peste que tres años antes había asolado la villa de Pasajes de San Juan (Guipúzcoa), y que se atribuyó a los cadáveres enterrados en la parroquia. Carlos III solicitó al Consejo de Castilla que meditara sobre la insalubridad de los entierros y el Consejo consultó con la Academia de Historia la cual, aconsejó seguir ejemplo de Francia en materia funeraria. Entre las medidas adoptadas se encontraba la construcción en 1785 de un cementerio en el Real Sitio de la Granja de San Ildefonso. Este recinto funerario será el primer cementerio civil conservado en nuestro país. Entre tanto se continuarán elaborando leyes en materia de entierros mientras que la Real Academia de San Fernando de Madrid, encargaba diversos proyectos para la construcción de nuevos recintos funerarios.

Con la desaparición de los cementerios parroquiales y el nacimiento de los cementerios modernos, secularizados, gestionados por los municipios, constatamos un cambio importantísimo en la concepción de lo que había supuesto hasta el momento la cuestión de los entierros. A partir de ahora y por primera vez inhumar a un difunto no será solo un asunto de carácter religioso, sino también de carácter higiénico, de salud pública. Esta innovación impulsará necesariamente un cambio progresivo en la mentalidad de la sociedad, que no será fácil de asumir. A ello habría que añadir que los consistorios y el poder religioso, no estaban llamados a entenderse.

En Barcelona y siguiendo las corrientes higienistas, los médicos insistirán en la necesidad de alejar a los cementerios de la población. Ante esta insistencia el obispo de Barcelona Josep Climent i Avinet (1706-1781), decidió en 1775 es decir, diez años antes de la construcción del cementerio de San Ildefonso y ocho antes de la ratificación, construir el primer cementerio extramuros, en un terreno situado en Sant Martí de Provençals. El Cementerio del Bisbe Climent como se conocía popularmente, fue uno de los primeros cementerios de Europa construido fuera de las murallas. (6) No deja de sorprender que una iniciativa tan progresista naciera de un obispo. Por su modernidad el proyecto topó con el rechazo de la población que no podía concebir ni aceptar, el tener que enterrar a sus muertos lejos de la ciudad y de un centro religioso. El nuevo cementerio no tuvo una buena acogida y con el transcurso de los años, el recinto quedó abandonado y destruido por las tropas napoleónicas. Sobre sus restos se edificará en 1819 el cementerio de Poblenou , un recinto de estilo neoclásico, proyectado por el arquitecto italiano Antonio Ginesi. Se trata del primer cementerio municipal de Barcelona.

Fachada del Cementerio de Poblenou conocido también como cementerio del Este según proyecto de Antonio Ginesi, 1818. Se trata del primer recinto funerario municipal de Barcelona

Los cementerios municipales contarán con una serie de reglamentaciones que regirán su buen funcionamiento. Aunque cada ayuntamiento redactará su propio reglamento, éstos compartían necesariamente unos puntos en común a fin de ajustarse a la ley vigente. Los primeros reglamentos se basarán en la Cédula Carolina del 3 de abril de 1787 (7) la cual contemplaba las competencias de cada ayuntamiento en materia de horarios de apertura, derechos eclesiásticos, tarifas de las inhumaciones y condiciones higiénicas (8) así como las obligaciones y derechos de los usuarios y trabajadores del cementerio además del uso y cuidado de las diferentes dependencias que conformaban cada recinto funerario. Los responsables de la gestión de los derechos de sepultura y política mortuoria, eran los correspondientes ayuntamientos y la Iglesia solo tenía competencia en cuestiones relacionadas con el culto. (9)

El tema de la salud pública era un asunto prioritario como queda reflejado en los distintos reglamentos. Éstos obligaban a que los cementerios se construyeran en espacios que contaran con suficiente ventilación a fin de facilitar la degradación de los cadáveres. Así mismo la distancia a la que se habían de construir respecto a la población, estaba en función del número de habitantes en la época de la inauguración de cada recinto. Se contemplaba además la necesidad de una buena comunicación entre el cementerio y la población.

El área reservada a los entierros tenía que estar necesariamente al aire libre y contar con espacio suficiente como para asumir el número de entierros realizados durante un año. (10) Era necesario además reservar un espacio para los entierros de pobres e indigentes y otro para las inhumaciones no católicas. Éstas debían estar separadas del recinto católico mediante un muro y una puerta de acceso propia. (11) Con la desvinculación de la Iglesia se empiezan a prohibir los entierros en nichos, alegando que retardaba la descomposición de los cadáveres, se saturaba la atmósfera y además impedían llevar a cabo correctamente el duelo. (12). Aún así en Cataluña las inhumaciones en nichos seguirán siendo frecuentes. (13) Los reglamentos exigían que cada recinto funerario contara con un osario, una fosa común, un habitáculo para el encargado del cementerio y un depósito de cadáveres o sala de autopsias.(14) Constatamos pues como la figura de médico, va adquiriendo cada vez más protagonismo en un ámbito que hasta el momento era monopolio de la Iglesia.

Progresivamente y durante la segunda mitad del siglo XIX, los antiguos cementerios parroquiales se transforman en espacios urbanizados convirtiéndose en plazas y espacios
públicos contiguos a las iglesias y catedrales. El cambio será muy progresivo y no ausente de controversia porque entre otras cuestiones, la Iglesia se negaba a renunciar al control que durante tantos siglos había ejercido en materia funeraria. La necesidad de enterrar a los difuntos lejos de las poblaciones nos puede parecer obvia hoy en día, pero en aquel momento era una cuestión totalmente ajena a la mentalidad de la época y sin duda, provocaba no poca inquietud entre la población. Los feligreses veían con ansiedad enterrar a los muertos lejos de sus hogares y del amparo de un centro religioso. Las creencias que habían perdurado siglos, impregnaban fuertemente en una población todavía anclada en el pasado. Solo muy lentamente que la sociedad irá aceptando la transformación y asumiéndola como un proceso inevitable.

El cambio en la concepción de los cementerios constituye un indicador del paso de una sociedad todavía anclada en el pasado, hacia una sociedad moderna. De los cementerios parroquiales al amparo de los centros religiosos y gestionados por la Iglesia, pasamos a unos cementerios alejados de los núcleos urbanos, gestionados por los ayuntamientos y en donde por primera vez, priman los intereses de salud pública sobre los intereses religiosos. Los cementerios municipales son una de las características de la ciudad moderna, un síntoma claro del cambio de mentalidad en una sociedad.

Post registrado bajo licencia Safe Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike 4.0 International (CC BY-NC-SA 4.0) y publicado el día 31 octubre 2018

Referencias

(1) MARTÍ I LÓPEZ, Elisa. El Cementiri de Montjuïc. Sommis de Barcelona, Barcelona, Ajuntament de Barcelona/Cementiris de Barcelona, S.A., 2008, p. 24
(2) RIERA, Carme. Els cementiris de Barcelona, Barcelona, Edhasa, 1981, p. XXIII
(3) Ibidem, p. XXIX
(4) SANTOJA, Jose Luís. “La construcción de cementerios extramuros: un aspecto de la lucha contra la mortalidad en el Antiguo Régimen”, en Revista de Historia Moderna nº 17, 1998-1999, p. 34
(5) RIERA, Carme. Els cementiris…, op. cit., p. XXXI, XXXII
(6) MARTÍ I LÓPEZ, Elisa. El Cementiri de Montjuïc…, op. cit., p. 26
(7) FERNÁNDEZ ALVÁREZ, Ana. “El Cementiri de Sant Nicolau: un disseny urbanístic original i únic a Catalunya”, en Recerques, sin fecha, p. 175
(8) En el caso de Cataluña estas condiciones partían de las recomendaciones publicadas a finales del siglo XVIII por la Reial Acadèmia de Medicina i Cirugia de Catalunya. Ibidem, p. 176
(9) Real Cédula del 8 de abril de 1833. Ibidem, p. 175
(10) Se tomaba como estadística la serie de cinco años y calculando dos cadáveres por sepultura y un periodo de consumición del cuerpo de tres años. Ibidem, p. 175
(11) Real Orden del 17 de junio de 1871. Ibidem, p. 175
(12) Real Orden 8 de mayo de 1868 ratificada por la ley de 8 abril de 1886. Ibidem, p. 175.
(13) Incluso con el tiempo llegará a considerarse un símbolo de estatus social reforzado por el hecho de que a los condenados, no se les permitía la inhumación en nichos. En ellos se inhumaran principalmente las familias procedentes de la pequeña burguesía, los menestrales, a diferencia de las clases más humildes que seguían enterrándose en la fosa. Por tanto la inhumación en estos casos era siempre en el suelo. Esta circunstancia conllevará a valorar el nicho como forma de entierro de prestigio. CATALÀ I BOVER, Lídia; MARÍN I SILVESTRE, Maria Isabel; MARTÍ I LÓPEZ, Elisa. Barcelona a través dels seus cementiris. Un passeig pel cementiri de Poble Nou, Barcelona, Ajuntament de Barcelona/Cementiris de Barcelona, S.A. 2004, p. 91 – 92
(14) FERNÁNDEZ ALVÁREZ, Ana. “El Cementiri de Sant Nicolau…”, op. cit., p. 175

BIBLIOGRAFÍA

BAILS, Benito. Pruebas de ser contrario a la práctica de todas las naciones y a la disciplina eclesiástica y perjudicial a la salud de los vivos enterrar a los difuntos en las iglesias y poblados, Madrid, Joaquin Ibarra, 1785

CATALÀ I BOVER, Lídia; MARÍN I SILVESTRE, Maria Isabel; MARTÍ I LÓPEZ, Elisa. Barcelona a través dels seus cementiris. Un passeig pel cementiri de Poble Nou, Barcelona, Ajuntament de Barcelona/Cementiris de Barcelona, S.A. 2004
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SANTOJA, Jose Luís. “La construcción de cementerios extramuros: un aspecto de la lucha contra la mortalidad en el Antiguo Régimen”, en Revista de Historia Moderna nº 17, 1998-1999