Isoda Koryusai. La cortesana Hinazuru del burdel Chojiya acompañada por las kamuro Yasoji y Yasono y las shinzō Orizuru, Kiyotsuru y Sayotsuru (Nuevos diseños tan frescos como las hojas jóvenes) c. 1778/80

Grabado xilográfico ukiyo-e en formato oban La cortesana Hinazuru del burdel Chōjiya acompañada por las kamuro Yasoji y Yasono y las shinzō Orizuru, Kiyotsuru, y Sayotsuru. Perteneciente a la serie Hinagata Wakana no Hatsu moyo (Modelos para la moda: nuevos diseños para Año Nuevo tan frescos como las jóvenes hojas) título que alude a un nuevo estampado para la fiesta de Año Nuevo. (1) Esta serie apareció entre el año Anéi (1775) y Tenmei I (1781). (2) El nombre del impresor se halla en la cajetilla inferior izquierda el título de la serie, en la cajetilla vertical en el ángulo superior derecho. Los nombres de las protagonistas nos son conocidos porque aparecen en la obra. El nombre de la cortesana figura en caracteres más grandes junto al título de la serie mientras que el de sus acompañantes, corresponden a los caracteres más pequeños. Firma el grabado Koryusai ga.

Se trata de un grabado nishiki – e (estampas de brocado) esto es, una xilografía polícroma realizada mediante diversas matrices de madera, una para cada color. Pertenece al género bijin-ga (estampas de belleza femenina) que ya empezaba a editarse en mayor formato en detrimento del formato intermedio. (3)

La cortesana Hinazuru del burdel Chōjiya acompañada por las kamuro Yasoji y Yasono y las shinzō Orizuru, Kiyotsuru, y Sayotsuru. Isoda Koryusai c. 1778/80. Dimensiones: 39.4 cm x 26.7 cm. (oban). Museo de Bellas Artes de Boston. Internet dominio público

Isoda Koryusai (1735-1788?) pertenecía a la casta de los samurai bajo el servicio del señor Tsuchiya de Edo, pero abandonó la carrera de guerrero para dedicarse al grabado. Se sabe gracias a los primeros caracteres de su firma, que cuando se inició en el arte del ukiyo-e era discípulo de Harunobu pero su estilo fue evolucionando hasta alcanzar un tipo de grabado más realista. (4) Si bien Harunobu representaba a un ideal femenino casi infantil, Koryusai preferirá a un tipo de mujer adulta de volumen contundente (5) y forma sinuosa. Se especializó en la representación de nuevas creaciones de moda y fue el primero en realizar imágenes de flores y pájaros las llamadas estampas kacho-e.(6) Progresivamente fue abandonando el grabado por la pintura. Alrededor de 1881 firmaba con el término hokkyo que aludía a un título honorífico vinculado con el budismo, que concedía el emperador a determinados artistas y escritores.

Aunque el tema principal de este grabado es la indumentaria, la obra representa a un grupo de personajes del barrio de placer de Yoshiwara en Edo (Tokio). Los barrios de placer y sus ocupantes se convirtieron en un tema recurrente del ukiyo-e. Durante el shogunato Tokugawa (1603-1868) se crearon unos distritos cerrados que disponían de permiso oficial del gobierno, para ejercer la prostitución y ubicar las diferentes casas públicas. Constituían pequeñas ciudades dentro de la misma ciudad en donde el gobierno podía controlar esta clase de actividades. En el interior de estos barrios se desarrolló un submundo con una cultura propia, en donde convivían los burdeles, las casas de té, sus propietarios, las geishas, los cocineros, el personal de servicio, tiendas y entretenimiento en general. Existían solo tres barrios de placer con concesión oficial: Yoshiwara en Edo, Shimabara en Kioto y Shinmachi en Osaka.

Koryusai dedicó unas cien estampas a reflejar la moda de las cortesanas (prostitutas de alto rango) acompañadas de sus sirvientas. (7) Estas mujeres daban a conocer las últimas creaciones en materia de moda y es posible tras esta xilografía, se hallara el interés de un sastre por introducir una nueva tendencia. De paso se favorecía a la cortesana y al prostíbulo al que ésta pertenecía. (8)

Hinazuru fue una conocida oiran, una prostituta de alto rango del barrio de Yoshiwara que Isoda Koryusai representó al menos en cuatro ocasiones más. (9) Las oiran aparecieron en el siglo XVIII en Edo y fueron exclusivas de esta ciudad. Hinazuru pertenecía al prostíbulo Chojiya y en esta obra la vemos realizando unos de los célebres desfiles (dochu), que cada noche llevaban a cabo las oiran por el Yoshiwara, acompañada de sus sirvientas: dos kamuro y tres shinzo. Las kamuro eran niñas que habían sido vendidas por sus familias a los burdeles, para entrar al servicio de una cortesana. Su trabajo era diverso: desde encender la pipa de su señora, hasta esperarla mientras ésta comía, pasando por servir y atender sus clientes o acompañarla en sus desfiles tal y como vemos en el presente grabado. (10) Las kamuro aparecen con frecuencia en el grabado japonés realizando trabajos propios de su condición ya que formaban parte de este mundo efímero vinculado a las cortesanas, que tanto gustaba a los artistas. Sus peinados y ornamentos característicos los vemos representados con fidelidad en el grabado japonés. Gracias a la obra Yedo Kwagai Enkaku-shi sabemos que cuando una niña era entregada a una casa como acompañante de una cortesana, lo primero que se hacía era asignarle un nombre no más largo de tres sílabas y siempre de connotación inocente. La prostituta a la que pasaba a servir se convertía en su ané-joro (11) quien se encargaba de sufragar los gastos de la niña mientras que el propietario del burdel, supervisaba el comportamiento de la pequeña de la que se esperaba que fuera obediente hacia su ané-joro. Si el propietario creía que la niña tenía posibilidades como futura prostituta y podía llegar a ser una cortesana de fama, cuando alcanzaba los trece o catorce años, se la enseñaba a tocar los instrumentos tradicionales, se la instruía en la ceremonia del té, del incienso (senko), en el arte del ikebana, en composición de poemas. En otras palabras, se invertía en su futuro para recuperar posteriormente la inversión. Cuando a la kamuro se la instruía para que llegara a ser una cortesana, cambiaba de estatus y pasaba a convertirse en una shinzo.

En este grabado Hinazuru lleva un lujoso kimono negro bordado con ramas de pino y las dos kamuro situadas a ambos lados así como las tres shinzo, visten un kimono furisode caracterizado por sus largas mangas que llegan hasta los tobillos. Las shinzo llevan el mismo furisode en donde destacan los blasones (en las mangas, en los hombros y en la espalda) identificativos del burdel al que pertenecen. El furisode es un kimono formal apropiado para niñas y chicas jóvenes solteras. Las prendas que vestían las kamuro conjuntaban con las de su ané-joro. En este caso el kimono de Hinazuru está decorado con delicadas ramas de pino de también vemos en los kimonos de sus dos kamuro cuyo color además, coincide con el kimono interior de la oiran. El obi o faja de la cortesana y las shinzo, va anudado delante para expresar así su disponibilidad sexual mientras que el de las pequeñas kamuro, como sirvientas y no prostitutas, lo llevan atado delante. La oiran se ha anudado el obi exageradamente arriba pero no se trata de una licencia del artista. La manera de atarse la faja se halla fielmente reflejada en el ukiyo-e. Hinazuru se ha atado el obi mediante el nudo Obi gokumon o Obi- Shigasaki denominado así porque la primera mujer que se lo ató de esta forma, fue Shigasaki una cortesana del siglo XVIII. (12) El término gokumon en cambio alude a las cabezas decapitadas de los criminales que eran exhibidas públicamente sobre una plataforma. (13) Como el nudo quedaba tan alto, creaba el efecto de una cabeza expuesta sobre una tarima y de ahí el nombre.

El obi atado delante era un distintivo de las prostitutas y algunas cortesanas llegaron a coser en estas prendas, las cartas de sus admiradores y clientes. Los textos que contenían estas misivas aludían al hana-iki-sewashihiko literalmente «jadeo a través de la nariz», eufemismo que se utilizaba para referirse al orgasmo. (14) Si el obi atado delante era una característica de la indumentaria de las prostitutas, lo era así mismo la ausencia de los calcetines tabi como vemos también en el caso de Hinazuru. El pie desnudo surgiendo entre la exuberancia de sedas y brocados era una visión extremadamente erótica.

El lujo en la indumentaria de las oiran y sus acompañantes era característico de su profesión y rango. A las cortesanas se las enseñaba a caminar correctamente para poder lucir al máximo su lujosa indumentaria. Abundaban los terciopelos, crepés, satinados, brocados de oro y sedas, tejidos de damasco. Los peinados se ornamentaban con agujas y peines de madera lacada o carey y el obi, le correspondía así mismo los brocados de seda, de oro, damasco o terciopelo. Los prostíbulos dictaban sus propias normas en materia de vestuario y asignaban a cada prostituta el material, color y diseño del kimono en función de su rango. Estas normas eran seguidas estrictamente. (15) Con el propósito de poner fin a esta ostentación, en 1617 el shogunato decretó restricciones en materia de indumentaria: las prostitutas tenían prohibido vestir brocados con oro y plata aunque sí les estaba permitido utilizar telas teñidas. (16) A pesar de tal prohibición, las cortesanas siguieron haciendo alarde de un lujo desenfrenado. Entre los años 1772 y 1829 se alcanza el máximo esplendor en cuanto al vestuario de las cortesanas se refiere y en 1779, las autoridades decidieron regular nuevamente por ley la indumentaria. Estas regulaciones tuvieron nulo efecto y buen testimonio de ello son los ukiyo-e de este periodo que serán un reflejo de la tendencia al lujo y la extravagancia. Los textos de la época sobre moda y peinados nos permiten corroborar la fidelidad con que el grabado japonés, se esmeró en reproducir la indumentaria y sus complementos. (17)

El pretexto para mostrar las últimas tendencias en el mundo de la moda consistía a menudo en representar uno de los célebres desfiles que las cortesanas de alto rango realizaban por las calles de Yoshiwara. Estas salidas nocturnas de las oiran constituían un verdadero espectáculo. Cuando empezaba a anochecer y las luces de las calles del barrio de placer se encendían, las cortesanas se preparaban para salir a lucir sus mejores sedas y brocados por la calle principal, la Naka -no- cho. A ambos lados de esta vía de Yoshiwara, de unos 250 metros de longitud, se agrupaban los comercios, las casas en donde se servía comida, las chaya o casas de té y se agolpaban cada noche los señores y burgueses en busca de entretenimiento. La Naka-no-cho era el aparador perfecto para que la oiran desplegara todo su encanto para lo cual, se que requería una cuidadosa preparación. A estas mujeres les era muy complicado desplazarse vestidas con un pesado kimono compuesto por diversas capas superpuestas, que quedaban a la vista al caminar y con unos peinados excesivamente ornamentados. Calzaban unos geta (zuecos) de madera de paulonia lacados en negro, de 30 cm de altura. El peso total de su indumentaria oscilaba entre los veinte y treinta kilos. Por ello no debe extrañar que a las cortesanas se les enseñara a caminar correctamente para lucir al máximo su lujosa indumentaria. La oiran se exhibía en procesión por la Naka- no-cho acompañada por su séquito. Éste lo encabezaba un hombre el wakai-mono, encargado de sujetar un farolillo. Le seguía otro hombre el tobi-no-mono, que llevaba el hababo, un instrumento con anillas metálicas en el extremo que hacía sonar produciendo un tintineo característico que anunciaba la llegada de la cortesana. A continuación aparecía la oiran, majestuosa, escoltada por un hombre en el que se apoyaba ligeramente sobre su hombro para poder caminar. Las oiran se desplazaban muy lentamente, flexionando las rodillas mientras apoyaban ambos pies en el suelo realizando un ligero balanceo para luego pasar arrastrando uno de los zuecos y cruzar un pie frente al otro, realizando al final un giro característico. Si no había oscurecido cuando se iniciaba la procesión, otro hombre colocado tras la cortesana sujetaba una sombrilla. Completaba el séquito las correspondientes kamuro y las shinzo. (18)

La educación y la preparación que recibían las oiran era muy esmerada, eran muy cultas y los hombres no solo pagaban por el sexo, sino también por el placer de su compañía y por las artes tradicionales en cuales la oiran había sido instruida. Era difícil acceder a ellas y un honor poder conversar con una de estas mujeres. Pero a pesar de la educación que recibían y de su estatus, las oiran eran consideradas mera mercancía y ni siquiera podían abandonar el barrio de placer. Tampoco se mantenían en activo durante muchos años. El precio que un cliente pagaba por una oiran era prohibitivo para la mayoría de los hombres y solo unos pocos, podían permitirse relacionarse con una cortesana como Hinazuru.

Los espectaculares desfiles de las oiran por el Yoshiwara fueron un tema recurrente en el grabado japonés. En general las escenas que tenían lugar en el barrio de placer gozaron de gran fortuna desde los inicios del ukiyo-e y un buen ejemplo, lo encontramos en esta magnífica xilografía de Isoda Koryusai. La presente estampa nos ha dejado testimonio de una de las famosas cortesanas del barrio de Yoshiwara acompañada por sus kamuro y shinzo, como pretexto para mostrar las últimas tendencias en el mundo de la moda.

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Referencias

(1) IWAKIRI Yuriko; MORIYAMA Yoshino; SATO Mitsunobu, et al. Grabados japoneses, Múnich, Tashen, 2002, p. 73
(2) Ibidem, p. 73
(3) Ibidem, p. 73
(4) LAMBERT Gisèle. “ Les belleses femenines i la vida quotidiana” en Ukiyo-e. Imatges d´un món efímer, París/Barcelona, Bibliothèque Nationale de France, Fundació Caixa Catalunya, 2008, p. 106
(5) Ibidem, p. 86
(6) Ibidem, p. 106
(7) Ibidem, 106
(8) IWAKIRI Yuriko; MORIYAMA Yoshino; SATO Mitsunobu, et al. Grabados …, op. cit., p. 73
(9) Isoda Koryusai representó también a la cortesana Hinazuzu en: Hinazuru de la casa Chôjiya (Minneapolis Institute of Art), Las cortesanas Hinazuru y Karauta del burdel Chojiya sosteniendo una carta (Chicago Art Institute), Hinazuru acompañada de dos sirvientas (William Sturgis Bigelow Collection) y La cortesana Hinazuru del burdel Chojiya con sus sirvientas Tsuruji y Tsuruno (The Cleveland Museum of Art)
(10) Sobre las kamuro y las shinzo DE BECKER J. E. The Nightless City or the History of the Yoshiwara Yukwaku, New York, Tokyo, ICG Muse, Inc., 2000, p. 69- 79
(11) Ibidem, p. 70
(12) LONGSTREET Stephen and Ethel. Yoshiwara. The Pleasure Quarters of Old Tokyo, Vermont, Tokyo, Charles E. Tuttle Company, Inc., 1988, p. 110
(13) DE BECKER J.E. The Nightless City…, op. cit., p. 122- 123
(14) LONGSTREET Stephen and Ethel. Yoshiwara. The Pleasure Quarters…, op. cit., p. 112
(15) Ibidem, p. 106
(16) Ibidem, p. 110
(17) Sobre la indumentaria y peinados de las cortesanas DE BECKER J. E. The Nightless City…, op. cit., p. 120- 130; LONGSTREET Stephen and Ethel. Yoshiwara. The Pleasure Quarters…, op. cit., p. 103- 112
(18) DE BECKER J. E. The Nightless City…, op. cit., p. 250 y LONGSTREET Stephen and Ethel. Yoshiwara. The Pleasure Quarters…, op. cit., p. 106

BIBLIOGRAFÍA

DE BECKER J. E. The Nightless City or the History of the Yoshiwara Yukwaku, New York, Tokyo, ICG Muse, Inc., 2000
IWAKIRI Yuriko; MORIYAMA Yoshino; SATO Mitsunobu, et al. Grabados japoneses, Múnich, Tashen, 2002
LAMBERT Gisèle. “ Les belleses femenines i la vida quotidiana” en Ukiyo-e. Imatges d´un món efímer, París/Barcelona, Bibliothèque Nationale de France, Fundació Caixa Catalunya, 2008, p. 83- 154
LONGSTREET Stephen and Ethel. Yoshiwara. The Pleasure Quarters of Old Tokyo, Vermont, Tokyo, Charles E. Tuttle Company, Inc., 1988
HEMPEL, Rose. El grabado japonés. Paisajes. Actores. Cortesanas, Barcelona, Ediciones Daimon, 1965

Iconografía de la Virgen de Montserrat en época moderna. La difusión de la imagen en Madrid, Praga y Bezdez. Referentes visuales

La expansión del culto a la Virgen de Montserrat en época moderna dio lugar a la creación de una serie de réplicas de la Santa Imagen, que se difundieron por el continente europeo. Estas réplicas que se originaron en cadena es decir, la una servía de modelo para la siguiente, seguían el nuevo modelo iconográfico surgido a finales del siglo XVI.

Entre los estudios dedicados a la iconografía de la Virgen de Montserrat en época moderna, cabe citar los artículos publicados por Sílvia Canalda, doctora en Historia del Arte y profesora titular de la Universidad de Barcelona. Parte de su línea de trabajo se dirige a la identificación de un referente visual concreto (designado como prototipo), a partir del cual se genera una cadena de imágenes de la Virgen de Montserrat, en centros alejados del monasterio catalán en donde se venera la talla original. Estas imágenes realizadas a partir del prototipo, reciben el nombre de arquetipo. El proceso de creación de imágenes lleva consigo el desarrollo de cadenas primarias y secundarias.(1) 

Virgen de Montserrat, obra atribuida a Juan Andrés Ricci, c. 1640. Monasterio de San Plácido de Madrid. Claro ejemplo de la nueva iconografía montserratina surgida a finales del siglo XVI. Internet dominio público

La Virgen de Montserrat de Manuel Pereira, posibles modelos referenciales

En el ámbito de la creación de réplicas y cadenas secundarias de imágenes, la Dra. Canalda insiste en la escasa visibilidad de la Virgen de Montserrat durante la época moderna y por tanto, en el escaso conocimiento directo de la talla románica. Como la escultura original se desconocía, había que recurrir a un prototipo (una réplica a la cual los artistas tuvieran acceso y pudieran reproducir). De esta forma se generaría una cadena secundaria de imágenes.(2) A partir de este planteamiento se pueden identificar diversas cadenas. Una de ellas se originó por la traslación de la Virgen de Montserrat a Madrid. La imagen titular del Monasterio de Montserrat en Madrid fue realizada por el escultor Manuel Pereira en 1641 y tenía que contar necesariamente, con algún referente visual.

Según las fuentes de la época, los monjes de Valladolid llevaron a Madrid una pintura que representaba a la Virgen de Montserrat. Sílvia Canalda constata el parecido entre la escultura de Pereira y una Virgen de Montserrat obra del pintor Antonio Arias.(3) Además al comparar las imágenes realizadas en Madrid durante los años centrales del siglo XVII, llega a la conclusión de que son muy parecidas entre ellas por lo tanto, debían contar con un modelo común.

El Dr. Ernesto Zaragoza en su obra dedicada al monasterio de Montserrat de Madrid, afirma que la escultura de Pereira se trata de una réplica que tomó como modelo a una Virgen representada en una pintura de Juan Andrés Ricci a través del pintor Alonso Cano. El autor no especifica de qué pintura de Cano se trata, ni tampoco cita la fuente de donde extrae dicha información. creo que esta pintura a la que se refiere Ernesto Zaragoza podría ser la que se encuentra en la Real Academia de San Fernando de Madrid, ya que se halla vinculada a ambos pintores. En el catálogo de obras del pintor Juan Andrés Ricci realizado por el historiador Elías Tormo y publicado en 1930, la Academia ya atribuía la autoría a Alonso Cano. Planteo hipotéticamente que sería posible considerar que se trata de la misma pintura de Cano a la que se refiere el P. Zaragoza y que según dicho autor, sirvió de modelo para la escultura de Pereira a través de una obra de Ricci.(4) Además esta pintura era considerada como autógrafa de Ricci por el historiador Aguilar Garriga. Como se ha comentado este parecido entre las imágenes realizadas en Madrid, lleva a la Dra. Canalda a plantear la posibilidad de la existencia de un prototipo común que aunque no puede identificar, cree que podría tratarse de la pintura que los monjes se llevaron de Montserrat, o tal vez la misma escultura de Pereira. Esta última se cita en diversas fuentes como réplica de la talla original.(5)

La traslación de la Santa Imagen a Viena, Praga y Bezdez

Cuando el monje Benito de Peñalosa se trasladó a Viena con el objetivo de crear fundaciones en esta ciudad, en Praga (6) y  en Bezdez, se llevó consigo una pintura de la Virgen de Montserrat que según Silvia Canalda, sería el origen de otra cadena de imágenes.(7) De las tres fundaciones solo se conservan las esculturas titulares de Praga y Bezdez de las cuales, constata su parecido entre sí. De ello deduce que estas imágenes tomarían como referente visual, la pintura de Peñalosa. En relación a la imagen de Bezdez, se dice que era bella, de madera y muy similar a la que se veneraba en el monasterio de Emaús. Según el autor Stepanek se creía que esta imagen de Montserrat se había hecho a partir de un molde extraído del original románico(8) y había sido llevada desde Praga y ubicada en la iglesia parroquial de Bezdez.(9) 

Sobre la imagen de Viena, el p. Anselm Albareda en su obra sobre la congregación bendictina de Montserrat en Austria y Bohemia publicada en 1922, parece confirmar esta hipótesis planteada por Canalda aunque no cita su fuente de información. Según Albareda mucho antes de poderse inaugurar el templo, la imagen de la Virgen ya se hallaba totalmente finalizada. Esta imagen se realizó tomando como modelo la pintura que Peñalosa había traído desde Montserrat, y permaneció en el oratorio real hasta la inauguración del nuevo monasterio. La pintura se ubicó después de la ceremonia en el oratorio real en substitución de la imagen escultórica.

La identificación de posibles modelos visuales, permite establecer una cadena de imágenes ligada a la expansión del culto a la Virgen de Montserrat más allá de tierras catalanas. Las obras que sirvieron como modelo fomentaron la creación de nuevas imágenes montserratinas cuyo objetivo era el de reproducir con fidelidad la escultura original venerada en el monasterio de Santa María de Montserrat.

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Referencias

(1) CANALDA I LLOBET; S.  “Retratos y réplicas de las santas imágenes en época moderna. El caso de Nuestra Señora de Montserrat”, en Estudios sobre arte catalán. Del contexto a la interpretación postmedival, Barcelona, Universitat de Barcelona, 2013, p. 187- 201 y CANALDA I LLOBET; S. “ La imatge barroca de la Mare de Déu de Montserrat: gènesi, circuïts i usos”, en Imatge, devoció, identitat en época moderna, Barcelona, Publicacions i Edicions de la Universitat de Barcelona, 2013, p. 79 – 100

(2) CANALDA I LLOBET; S.  “Retratos y réplicas …”, op. cit., p. 194

3) Esta pintura se conserva hoy en el Museu Marés. Ibidem, p. 195- 201 

(4) Ver TORMO I MONZÓ, E.; LAFUENTE,  FERRARI, E.  La vida y la obra de Fray Juan Ricci, vol. II, núm. 53, Madrid, Ministerio de Instrucción Pública, 1930, p. 111, làm. LXXIV y también  ZARAGOZA, P. Historia del Real Monasterio de Montserrat en Madrid, Barcelona, Publicacions de l´Abadia de Monstserrat, 1996, p. 62. La Red Digital de Col.lecciones recoge así mismo esta atribución: http://ceres.mcu.es/pages/ResultSearch?txtSimpleSearch=Virgen%20de%20Montserrat.&simpleSearch=0&hipertextSearch=1&search=simpleSelection&MuseumsSearch=MRABASF%7C&MuseumsRolSearch=1&listaMuseos=%5BMuseo%20de%20la%20Real%20Academia%20de%20Bellas%20Artes%20de%20San%20Fernando%5D

(5) CANALDA I LLOBET; S.  “Retratos y réplicas …”, op. cit., p. 196

(6) Para más información sobre Montserrat en Emaús ver STEPANEK, P. “Montserrat a Praga. L´etapa espanyola al monestir d´Emaús a Praga (1635 – 1871)”, en Butlletí de la Reial Acadèmia de Belles Arts de San Jordi, 20, 2006, p. 51

(7) CANALDA I LLOBET, S. “Retratos y réplicas …”, op. cit., p. 196

(8) Stepanek extrae esta información de la obra de Václau Hlavsa, Pruvodce Pradou, Praga, 1948, nota 5 p. 126. Ver STEPANEK, P. “Montserrat a Praga..” op. cit, 2006, p.  62 y nota 57

(9) ALBAREDA, A. M. “La Congregació Benedictina de Montserrat a l´Àustria i a la Bohèmia (segles XVII- XIX)”, en  Analecta Montserratensia, vol. V, Barcelona, Publicacions de l´Abadia de Montserrat, 1922, p. 32- 33; 39; 70

BIBLIOGRAFÍA

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CANALDA I LLOBET; S.  “Retratos y réplicas de las santas imágenes en época moderna. El caso de Nuestra Señora de Montserrat”, en Estudios sobre arte catalán. Del contexto a la interpretación postmedival, Barcelona, Universitat de Barcelona, 2013, p. 187- 201

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TORMO I MONZÓ, E.; LAFUENTE  FERRARI, E.  La vida y la obra de Fray Juan Ricci, vol. II, Madrid, Ministerio de Instrucción Pública, 1930,  p. 109-113 y núm. 53, 53ª, 53b

ZARAGOZA, P. Historia del Real Monasterio de Montserrat en Madrid, Barcelona, Publicacions de l´Abadia de Monstserrat, 1996

Recursos electrónicos: Virgen de Montserrat [en línea]. Red Digital de Colecciones de Museos de España [consulta: diciembre 2015]. Disponible en: http://ceres.mcu.es/pages/ResultSearch?txtSimpleSearch=Virgen%20de%20Montserrat.&simpleSearch=0&hipertextSearch=1&search=simpleSelection&MuseumsSearch=MRABASF%7C&MuseumsRolSearch=1&listaMuseos=%5BMuseo%20de%20la%20Real%20Academia%20de%20Bellas%20Artes%20de%20San%20Fernando%5D

Conservación y restauración de obras de arte: principios generales

Entendemos por conservación aquellos procesos y técnicas que utilizamos para prolongar la vida de los bienes culturales. Se pueden realizar mediante la aplicación de medidas preventivas, «reparación» de daños o ambos procedimientos, con la finalidad de poder transmitir estos bienes, a futuras generaciones.

Durante el siglo XX tuvieron lugar diversas reuniones internacionales con el objetivo de salvaguardar el patrimonio. Fruto de estas reuniones nacieron diferentes documentos entre los que cabe destacar la Carta de Atenas de 1931, la Carta de Venecia de 1964 y la Carta del Restauro en Italia en 1972.

En relación a la conservación preventiva, entendemos que ésta aplica todos los medios posibles para garantizar el mantenimiento y conservación del objeto. Aquí se incluye también la seguridad así como el control de las condiciones ambientales (luz, humedad y temperatura).

La restauración interviene cuando no ha habido medidas preventivas o éstas, han sido insuficientes y actúa directamente sobre los bienes culturales. La restauración es una profesión interdisciplinar en donde intervienen conocimientos técnicos y disciplinas  como la Historia del Arte, la Química, la Biología o las Técnicas artísticas. Por esta razón los restauradores han de recibir formación en dichas disciplinas, y mantener una interrelación fluida con los profesionales de dichos campos.

En 1984 el Consejo Internacional de Museos (ICOM) aprobó un documento conocido como la Carta de Copenhague e incluyó el apartado El conservador-restaurador: una definición de la profesión en el que se trataba de definir el perfil del restaurador. El profesional de la restauración ha de poder comprender los aspectos materiales de los bienes culturales, con la finalidad de prevenir su degradación. El documento otorga relevancia al hecho de que el restaurador, ha de ser capaz de distinguir entre lo que es original en una obra de lo que no lo es. Así mismo ha de tener en cuenta el valor documental del objeto, y realizar un examen metódico y científico antes de intervenir. En otras palabras: ha de seguir una metodología.

Posteriormente el ECCO (European Confederation of Conservator-Restorers Organizations), basándose con la Carta de Copenhague, estableció un código deontológico, un conjunto de principios y reglas con el objetivo de regular la profesión.

Por su relevancia en el ámbito de la restauración-conservación, cabe citar las teorías  formuladas por Cesare Brandi las cuales, tuvieron gran repercusión a partir de la segunda mitad del siglo XX. Brandi fue una figura capital dentro del campo de la restauración y conservación del patrimonio artístico. Creador del Instituto Centrale del Restauro en 1939 y Catedrático de Historia del Arte en la Universidad de Palermo, definió la restauración como el momento metodológico del reconocimiento de la obra de arte en su consistencia física y en su doble polaridad, estética e histórica, en vista a su transmisión al futuro.(1) Es decir antes de restaurar, se debe conocer en profundidad la obra, realizar un estudio exhaustivo, identificar los materiales constitutivos pero sin olvidar los valores estéticos e históricos. El bien cultural se ha de poder transmitir a las generaciones futuras en las mejores condiciones posibles de conservación y sin alteraciones que desvirtúen su significado. Estas directrices son naturalmente de carácter general y en la práctica, establecer fronteras y límites resulta un tema complejo.

Las teorías de Brandi se podrían resumir de manera muy sintética en los siguientes puntos:

1.- Tener en cuenta la materia de la obra de arte y distinguir entre estructura y aspecto, valoración necesaria a la hora de plantearse una restauración. Se define la materia como el medio físico necesario para que una obra pueda existir manteniendo a la vez una estrecha relación con su forma.

2.- Unidad potencial de la obra de arte. Ésta no está compuesta por diferentes partes sino que forma una unidad. Cuando una obra se encuentra dividida, el restaurador ha de intentar restituir esta unidad valorando tanto la dimensión histórica como la estética. Brandi considera diversos principios:

A.- Reintegración reconocible pero no reconocible a distancia y sin romper con la unidad de la obra

B.- Mayor libertad en la intervención del soporte ya que éste presenta función estructural y no tanto en relación a la figuración directa de la imagen

C.- La restauración no debe nunca hipotecar el futuro de la obra

En cuanto a la laguna, Brandi la define como una interrupción del tejido figurativo. El problema no es tanto la falta (laguna) en sí como que ésta se restituya de forma indebida. La reintegración de la laguna no ha de interferir en la lectura de la obra y ha de poder equilibrar el color y el nivel. La laguna ha de funcionar como un fondo para formar una parte de la materia-estructura, y se la debe poder identificar de las reintegraciones. No se puede generalizar pero siempre hay que tener en cuenta la percepción, y no traicionar la historicidad de la obra.

3.- El tiempo en relación con la obra y la restauración. Ésta no ha de eliminar la historia ya que forma parte de la obra y se debe poder diferenciar las zonas reintegradas de las que no lo están.

Respeto por la pátina (sedimentos que el paso del tiempo deja sobra la obra). A nivel estético, la pátina se debe conservar. Brandi expone la problemática entre los partidarios de una limpieza radical, y los partidarios de la conservación de la pátina, barnices y veladuras. No hay que olvidar que la limpieza es un proceso irreversible y que aquello que retiramos en una obra, ya no lo podremos restituir.

En cuanto a las veladuras, éstas forman parte de los acabados de una pintura con la finalidad de matizar tonalidades además, Brandi nos recuerda que los barnices también se coloreaban. Por lo tanto y en principio, hemos de presuponer de su existencia en obras pictóricas. Incluso en el caso de ausencia, podría plantearse la cuestión de si las veladuras no podían haber sido eliminadas durante una restauración anterior.

4.- Restauración según la instancia de historicidad. La obra de arte como resultado de la creación humana que no debe valorarse según los cambios de moda o de gusto. Brandi distingue entre tres momentos: cuando la obra se crea, el momento presente y el pasado (entre la creación y el momento actual) y concede especial énfasis al valor de la ruina como testimonio mutilado con valor histórico, que justifica su conservación. Plantea también la problemática de los añadidos. Como producto de la intervención humana, los añadidos forman parte de la historia de la obra de arte. Desde este punto de vista, serían equiparables al mismo original y por tanto, se deberían conservar. Pero cada caso debe ser valorado y justificar cuando se decide retirarlos y cuando mantenerlos. Sobre las reconstrucciones, éstas son también un documento y forman parte de la historia aunque hay que atender a no realizar jamás un falso histórico es decir, no querer equiparar los tiempos (el del nacimiento de la obra con el actual).

5.- Restauración según la instancia estética. La dimensión estética es de suma importancia porque permite establecer la diferencia entre la obra arte y otro tipo de  creación. En este punto Brandi retoma la polémica de retirar o no los añadidos. Sobre la copia, argumenta que se trata de una falsificación histórica y estética y por tanto, solo queda justificada por razones didácticas o funciones conmemorativas.

En relación a las falsificaciones, argumenta que son propias del juicio y no inherentes al objeto. Hay que distinguir entre copia e imitación. La falsificación se ha realizado con la intención de hacerla pasar por el original es decir, con la intención de engañar. La diferencia radica pues en la intencionalidad.

6.- El espacio de la obra de arte. Garantizar las condiciones necesarias que permitan que la espacialidad (el contexto, el lugar que ocupa) de la obra, no se vea alterada.

En cuanto a los monumentos arquitectónicos son válidos los mismos principios aplicados a las obras de arte. Los monumentos son de hecho, obras de arte y se debe respetar por tanto la instancia histórica y estética. Hemos de considerar además el espacio en donde se encuentran ubicados. Brandi no considera legítimo el traslado con la excepción de que éste, se realice por razones de salvaguarda o conservación. Así mismo no es partidario de reconstruir los elementos que faltan por copias ya que la reconstrucción, ha de basarse en datos espaciales que tenemos sobre lo que ha desaparecido, y no sobre datos formales.

Otra personalidad destacada en el mundo de la restauración es Umberto Baldini. Licenciado en Historia del Arte, profesor de Historia, Teoría y Técnicas de Restauración en la Universidad de Pisa y Presidente de la Universidad Internacional de Arte de Florencia. Su trabajo se dirigió a la búsqueda de una actuación metodológica unitaria basada en planteamientos éticos, dentro de la línea de Cesare Brandi. Al afrontar una restauración Baldini insiste en que no debemos considerar nuestro gusto personal sino conocer la obra en profundidad y realizar previamente un estudio filológico.

Debemos mencionar también por su relevancia y consenso La Carta italiana del Restauro de 1987 que define la restauración como:

El conjunto de prevenciones de actuación y salvaguardia referidos a asegurar una duración pretendidamente ilimitada a la configuración material del objeto.

En resumen podemos definir la conservación-restauración como las actuaciones encaminadas a preservar los bienes culturales mediante operaciones técnicas, protegiéndolos de los factores externos que pueden ser nocivos y alterar su estructura. Mantenerlos en un ambiente adecuado para alargar su existencia así como mejorar al máximo sus condiciones físicas.

Según los criterios vigentes en la actualidad, toda restauración ha de basarse en los siguientes principios:

A.- Legibilidad de la obra. Toda restauración ha de poder devolver el significado de la obra, hacerla legible, comprensible tanto en su dimensión física como histórica.

B.- Mínima intervención. Evitar todas aquellas intervenciones innecesarias y arbitrarias.

C.- Revesibilidad y estabilidad de los materiales utilizados. Si bien es cierto que a nivel práctico es imposible, al menos sí se debe garantizar que los materiales no hipotecarán el futuro de la obra. Ningún material es reversible al 100%, todos se degradarán tarde o temprano pero deben presentar un buen envejecimiento, y ser lo más estables posibles así como permitir su retirada cuando sea necesario, sin estropear la obra. También hay que tener en cuenta que los materiales utilizados en cada caso, deben presentar una naturaleza más débil que la obra para evitar así, provocar daños irreversibles.

Entrada registrada bajo licencia Safe Creative Commons Attribution-NoDerivatives 4.0 International (CC BY-NC-ND 4.0). Post publicado en mi anterior blog el día 3 julio 2020

Referencias

(1) BRANDI, Cesare. Teoría de la Restauración, Madrid, Alianza Editorial, 1988, p. 15

BIBLIOGRAFÍA

BALDINI, Umberto. Teoría de la Restauración y unidad de metodología (Vol. 1), Guipúzcoa, Editorial Nerea, 2002

BALDINI, Umberto. Teoría de la Restauración y unidad de metodología (Vol.2), Guipúzcoa, Editorial Nerea S.A, 1998

BECK, James. La Restauración de obras de Arte. Negocio, cultura, controversia y escándalo, Barcelona, Ediciones del Serbal, 2001

BRANDI, Cesare. Teoría de la Restauración, Madrid, Alianza Editorial, 1988

CALVO, Ana. Conservación y Restauración. Materiales, técnicas y procedimientos. De la A a la Z, Barcelona, Ediciones del Serbal, 2006

DÍAZ MARTOS, Arturo. Restauración y conservación del arte pictórico, Madrid, Arte restauro, S.A., 1975

GONZÁLEZ MOZO, Ana; MACARRÓN MIGUEL, Ana Mª. La Conservación y la Restauración en el siglo XX (Colección Neometrópolis), Madrid, Editorial Tecnos (Grupo Anaya), 2004

El kimono como expresión de un código social. Las geishas y el lenguaje visual del kimono

Introducción

Si bien el tema de este artículo es objeto de estudio por parte de la Antropología más que por la Historia del Arte, considero el kimono como una obra de arte en sí misma y desde este punto de vista, su inclusión en este blog queda justificada. En el post El kimono: entre la tradición y la modernidad se trataron aspectos relacionados con la historia y tipologías de esta prenda tradicional japonesa. La presente entrada se centra en cómo es vestida por uno de los pocos colectivos que aún lo usa habitualmente y que además, se halla vinculado al mundo de las artes: las geishas. Deseo aclarar que se trata de un post de carácter general. El mundo de la flor y el sauce (expresión utilizada para referirse al mundo de las geishas), es complejo y aunque se pueden establecer características generales, existen tantas particularidades que por su extensión, merecerían ser tratadas aparte. Pero como punto de partida general podemos decir que lo que marca la diferencia entre cómo los diversos colectivos llevan el kimono, no tiene tanto que ver con la prenda en sí sino en cómo lo visten.

Cuando me dispuse a abordar un artículo sobre el lenguaje visual del kimono centrado en el mundo de las geishas, me di cuenta de la enorme complejidad del tema. Este ha sido sin lugar a dudas el post que más me ha costado escribir hasta ahora ya que he tenido que sintetizar mucha información que a veces era confusa y además, se trata de un artículo de carácter general con la particularidad de que el lenguaje del kimono en el mundo de las geishas, está lleno de singularidades. Una vez redactado el texto, solicité a la experta en kimonos Laura Maraver si tenía a bien revisarlo y realizar las oportunas correcciones. Laura accedió a mi petición con la misma amabilidad con la que me atendió durante su conferencia en la Casa Asia. Por ello quiero expresarle toda mi gratitud y agradecimiento. Laura Maraver es licenciada en Bellas Artes y está especializada en indumentaria tradicional japonesa. Ha realizado diversos cursos en Japón sobre kitsuke, wasai (costura japonesa) y yuuzen (técnica aplicada para pintar mano un kimono de seda), entre otros. En la actualidad se dedica a la venta de ropa tradicional japonesa y realiza cursos sobre kitsuke y wasai, además de organizar exposiciones, conferencias y exhibiciones por todo el territorio español.

La indumentaria en términos generales y como sistema cultural, representa un indicador del rango, profesión, clase y estatus de quien lo viste y posee su propio código visual, que es comprendido por la comunidad a la que pertenece. En el caso del kimono su elección y accesorios quedan sujetos a unas normas, que reflejan el grado de formalidad, edad y estado civil. Su uso condiciona los movimientos y en consecuencia, la expresión no verbal. Su diseño crea una figura tubular que realza la silueta característica de la mujer japonesa,(1) adaptándose perfectamente al estilo de vida oriental y destacando en este ámbito. Como parte del lenguaje no verbal, el kimono siempre se cierra cruzando el lado izquierdo sobre el derecho porque hacerlo de forma contraria, solo está reservado a los difuntos.

Aunque a simple vista puede pasar inadvertido, no viste igual un kimono una geisha que una mujer casada, soltera o joven. Existen diferencias entre cada una de ellas y lo que es apropiado para unas mujeres, puede no serlo para las demás. Su correcta elección depende de lo que los japoneses denominan kata, la manera apropiada de hacer las cosas.(2) Es adecuado para las jóvenes vestir kimonos de colores vivos y largas mangas llamados furisode. A los treinta años o a partir del matrimonio, (3) la mujer dejará el furisode para pasar a vestir kimonos de mangas más cortas y colores más sobrios (4). Un claro ejemplo del uso de este tipo de kimono como expresión de un código visual y dentro de la comunidad de geishas, queda de manifiesto en el hecho de que antiguamente, una aprendiz de geisha vestía el furisode hasta que se había iniciado sexualmente. Se consideraba que alcanzaba la edad adulta después de su primera experiencia sexual, que tenía lugar entre los dieciséis y los diecinueve años.(5) De ese modo la manga corta indicaba que la mujer ya no era virgen. Desde 1958 (6) no se practica el mizuage, ceremonia de iniciación sexual en donde la joven perdía su virginidad, y las jóvenes usan manga corta cuando se convierten en geishas con independencia de que hayan o no tenido su primera experiencia sexual.(7) En consecuencia resultaría extraño e impensable ver a una geisha vistiendo un kimono furisode de colores llamativos y mangas largas hasta los tobillos.

Tres tipos distintos de atuendos además del color y diseño, marcan las diferentes estaciones del año. (8) El negro es por excelencia el color de etiqueta mientras que el blanco, se reserva a los difuntos y a las novias que el día de su boda, vestirán el característico kimono shiromuku. (9) Para la antropóloga Liza Dalby el uso del color blanco reservado exclusivamente para los difuntos y novias, guarda estrecha relación con el paso de un estadio a otro. Para el difunto significa abandonar su vida terrenal mientras que para la novia, marca el inicio de una nueva etapa como mujer casada. (10)

La joven aprendiz sentada a la izquierda viste un kimono formal llamado furisode, característico por sus largas mangas que llegan hasta los tobillos. Las mangas más cortas del kimono que vemos en la mujer de la derecha, indican que ha llegado a la edad adulta alcanzando el estatus de geisha. Viste también un kimono formal, con blasones y de color más sobrio que el de su compañera más joven. El color del cuello también marca la diferencia: blanco para la geisha, rojo para la aprendiz. Postal antigua
Las maiko Katsumi (izquierda) y Mameteru (derecha) interpretando Gion Kouta. (11)Ambas no han alcanzado aún el estatus de geisha y visten el furisode, kimono adecuado para jóvenes. Los colores son más vivos y con la incorporación de patrones decorativos más extensos y llamativos que los que luciría una geisha. La maiko se ajusta el obi justo bajo el pecho lo que le confiere un aire más infantil. Autor: Joi Ito. Fuente: Performing Gion Kouta. Imagen publicada bajo licencia Creative Commons Attribution 2.0 Generic. https://creativecommons.org/licenses/by/2.0/deed.en

Las geishas en la vanguardia del mundo de la moda

Las geishas poseen lo que los japoneses denominan iki, concepto difícil de traducir pero que tiene que ver con la elegancia, el estilo, con determinados ideales estéticos y con la inclusión de las artes en todos los aspectos de la vida. El iki vendría a representar el paradigma del ideal estético japonés y como puntualiza el autor A.C. Scott, no se puede crear deliberadamente sino que se trata de algo espontáneo. Este concepto se halla estrechamente vinculado con el cuidado de la apariencia personal y como consecuencia, en el vestir. Por ello no es de extrañar que las geishas hayan marcado tendencia en materia de moda. Algunos de los componentes que forman parte de los kimonos modernos, tienen su origen en mundo de la flor y el sauce.  

El Taiko un tipo de nudo utilizado para atar el obi o faja ancha a modo de cinturón, tiene su origen en 1823 durante la inauguración del puente Taikobashi en Tokio. Algunas de las geishas que acudieron al evento, causaron sensación por la forma en que se habían anudado el obi aunque en realidad, se trataba de una variación del nudo utilizado por los hombres para atarse el cinturón. (12) 

En el siglo XVII el colectivo de geishas de Fukagawa (Tokio) fue el primero en vestir el haori, una prenda parecida a una chaqueta y que era privativa de la indumentaria masculina. El uso del haori por parte de las geishas supuso un intento por reivindicar que sus artes, no eran exclusivamente de carácter sexual al tiempo que añadía un aire masculino, que recordaba a los actores kabuki  que interpretaban papeles femeninos.  (13) Las geishas de Fukagawa fueron precisamente famosas por su iki y dedicaron su arte a alcanzar este ideal estético. El haori que ellas introdujeron en la moda femenina causó tal sensación, que posteriormente fue adoptado por el resto de mujeres.

Otro elemento incorporado a los kimonos modernos y cuyo origen se halla en el mundo de las geishas es el obi Nagoya. Fue creado por una profesora durante los años 20 del siglo pasado (14) con la finalidad de poder vestir un complemento para una prenda relativamente cómoda, pero con el suficiente estilo como para ser llevada por la tarde antes de salir a trabajar con kimonos más formales. El Nagoya llegó a ser muy popular entre las geishas de Tokio (15) y actualmente es el tipo obi más usado en todos los kimonos excepto en los formales. (16) 

Las geishas y el lenguaje visual del kimono

Más allá de lo que resulta adecuado para cada mujer en relación a qué tipo de kimono elegir, las geishas se distinguen por su particular forma de vestirlo expresando así su pertenencia al mundo de la flor y el sauce. El kimono se rige por un código de etiqueta que expresa mediante el lenguaje visual, lo que es apropiado para cada ocasión y colectivo. Así un kimono adecuado para una joven burguesa colocado como lo haría una geisha, con su correspondiente obi y accesorios, parecería una mezcolanza extraña a los ojos de un entendido. En este sentido es muy ilustrativa la anécdota narrada por Liza Dalby. Durante su estancia en Kioto y al ser invitada a una fiesta formal de geishas, eligió un kimono prestado por una amiga suya, hija de un prestigioso doctor. El obi y los accesorios se lo proporcionaron las propias geishas que al mismo tiempo, fueron las encargadas de vestirla. Tras el evento acudió a un bar restaurante en donde el camarero, acostumbrado al mundo de la flor y el sauce y conocedor del lenguaje visual del kimono, no lograba encajar el estilo de la joven. Lo que había ocurrido es que a través de su indumentaria la antropóloga, estaba transmitiendo un mensaje incoherente que forzosamente debía llamar la atención de quien fuera conocedor de los códigos de etiqueta. (17)

Estas sutiles diferencias en relación a la colocación del kimono y que a simple vista pueden pasar desapercibidas para los no entendidos, otorgan a la geisha un mayor grado de sensualidad. La geisha viste un kimono más largo que una mujer casada y utiliza un obi mucho más ancho (18) que el resto de mujeres, lo cual le confiere mayor voluptuosidad. El nudo Taiko se lo ajusta mediante una pequeña y sutil inclinación. (19) En kimono interior también marca la diferencia: en la geisha, éste se hace visible por la parte anterior. (20) El borde posterior del cuello del kimono lo lleva más holgado dejando al descubierto una zona cargada de erotismo para la cultura japonesa: la nuca.(21) Recuperamos una vez más a Liza Dalby cuando reflexiona sobre la visión trasera de una geisha y la disposición de los clientes dentro de una estancia tradicional japonesa. El ushiro sugata, la visión de la espalda femenina, es reconocida por la cultura japonesa desde hace siglos.(22) En los banquetes tradicionales (ozashiki) las mesas se disponen paralelas a la pared de la estancia. Los comensales se sientan en cojines bajos en la parte externa (la más cercana a la pared) de manera que nadie se sienta frente a nadie y se deja un espacio libre en el centro de la estancia por el que circulan las geishas. Mientras lo hacen, dan la espalda a alguna de las filas de comensales dejado al descubierto la nuca, parte más erótica y la vista posterior de sus espectaculares kimonos y obi. (23) 

Vista posterior ushiro sugata. Una maiko (izquierda) y una geiko (24). Ésta lleva el obi anudado mediante el nudo taiko ligeramente inclinado. En la imagen se aprecia cómo se deja holgada la parte posterior del kimono, quedando al descubierto cuello y nacimiento de la espalda. Autor de la imagen: Joi Ito. https://www.flickr.com/people/joi/. https://www.flickr.com/photos/joi/2916308593/. Imagen publicada bajo licencia Creative Commons Attribution 2.0 Generic license.https://creativecommons.org/licenses/by/2.0/deed.en
Antigua yujo o mujer de placer. Su aspecto difería sustancialmente del de las geishas que apostaron por diferenciarse de aquellas, adoptando un estilo más sobrio y elegante. Marcaba la diferencia la indumentaria, el maquillaje, el peinado y los ornamentos. La prostituta vestía kimonos de colores y decoración más llamativa y se abrochaba el obi delante, para mostrar su disponibilidad sexual mientras que la geisha, siempre lo hará detrás. La palabra geisha significa artista y como tal, reivindicaron su profesión, su arte, también a través de la indumentaria desmarcándose así del mundo de la prostitución. Como puntualizó una experta en kimonos actualmente ya nadie se abrocha el obi delante, costumbre que ha quedado definitivamente relegada al pasado. Postal antigua

Según A. C. Scott, hasta la Segunda Guerra Mundial ninguna geisha aparecía por la tarde vestida con un kimono que no fuera formal esto es, un kimono negro de cola con el dobladillo decorado y la incorporación de los correspondientes blasones. (25)La edad y la superficie decorada de la prenda guardan relación: cuanto más joven es la geisha, su kimono incluirá mayor extensión decorada arrancando ésta, desde el dobladillo hacia arriba. Esta regla aún sigue vigente.  A medida que la noche avanzaba y las recepciones formales y fiestas oficiales se iban relajando, era costumbre que se cambiara el kimono formal por otro más alegre decorado con colores más vivos. Este cambio era solicitado por la dueña de la casa de té donde trabajaba la geisha. Ahora bien como se ha mencionado más arriba, ninguna geisha acudía a su primera cita vestida con un kimono informal. Si se atrevía a hacerlo, era inmediatamente enviada a la oficina de registro. (26) En la actualidad las reglas no son tan estrictas y la geisha no vestirá un quimono ceremonial a menos que se lo pidan expresamente lo cual, repercutirá directamente en la factura del cliente. (27) Normalmente para trabajar elegirá un kimono regular de seda hasta los tobillos, de colores discretos y mangas hasta la cintura. (28)

Kimija, geiko del distrito de Miyagawacho (Kioto) vistiendo un tomesode o kimono formal caracterizado por la longitud de sus mangas que llegan hasta la cintura. El negro es por excelencia el color de la etiqueta que en este caso, destaca por la incorporación de motivos decorativos basados en las hojas de arce, flores de crisantemo y cañas de bambú. Autor: https://www.japanexperterna.se/. Imagen publicada bajo licencia Creative Commons Attribution-Share Alike 3.0 Unported. https://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0/deed.en

Hasta aproximadamente alcanzar la edad de los treinta años, las geishas siguen vistiendo el kimono de cola para ocasiones especiales. Este cobra mayor espectacularidad en los interiores cuando caminan y arrastran la cola elegantemente sobre los tatami. Al salir al exterior se recogerá el dobladillo del kimono entre el dedo anular y pulgar, en un gesto característico de las maiko y geishas que es reconocido en la cultura tradicional japonesa. Cumplidos los treinta años vestirá kimonos cuya longitud alcanza hasta los tobillos y a medida que avanza en edad, su aspecto tomará un aire más sobrio y elegante luciendo colores como el veige, azul oscuro o gris. Se recogerá el pelo con un simple moño y usará un maquillaje más discreto. Esta concepción de sobriedad como sinónimo de buen gusto y elegancia, tiene su origen en el siglo XVIII cuando el gobierno japonés promulgó diversas leyes contra el lujo en el vestir a fin de controlar la extravagancia de la clase burguesa. Se abandonaron los patrones decorativos brillantes y los diseños estrafalarios eran considerados vulgares, mientras se favorecían los estilos más sobrios. Ganaron popularidad los ricos forros y la inclusión de patrones decorativos en la cara interna de las telas. El buen gusto se expresaba mediante la simplicidad y esta nueva concepción en la valoración estética, repercutió en la indumentaria tradicional.

La estacionalidad del kimono como reflejo de la naturaleza en la indumentaria tradicional

Como se destacó durante el transcurso de la conferencia Tradición y futuro del kimono: el kimono como arte y como vestido celebrada en la Casa Asia de Barcelona, el kimono es una prenda de fuerte carga simbólica que mantiene una conexión con la naturaleza, y una voluntad por transmitir algo que va más allá de los valores estéticos. Esta concepción se traduce en la estacionalidad del kimono: en función de la época del año, de la estación e incluso del mes, se viste un tipo de tejido y decoración diferente. Los japoneses tienen muy presente el cambio de estaciones que se ve reflejado también, el decorado de los kimonos. Esta estacionalidad se halla muy presente en el mundo de la flor y el sauce. Una geisha jamás vestirá un kimono que no esté en consonancia con la estación del año en curso. Así por ejemplo en invierno podrá lucir kimonos cuya decoración incluya la representación de pinos, sobre un color verde claro y el reverso de la prenda, color morado. En primavera cuando florece el cerezo, la sakura, los kimonos introducirán la flor del cerezo sobre un fondo blanco y granate en el reverso. Y en otoño, cuando las hojas del arce alcanzan su mayor esplendor tornándose de color rojo intenso, se incorporarán a las telas decoraciones basadas en las hojas del arce sobre un fondo bermellón, con el reverso verde gris. (29) Observando detenidamente un kimono podríamos llegar a saber el estado civil, franja de edad de quien lo viste, si está destinado a lucirse en un evento formal o informal e incluso, el mes del año en que nos encontramos. En ello radica la importancia del lenguaje visual del kimono que para la geisha, cobra mayor relevancia porque forma parte de su gei, de su arte. Aunque actualmente llevan un estilo de vida diferente al de sus antepasadas, estas mujeres siguen destacando por su elegancia, buen gusto y por el estricto mantenimiento de las normas de etiqueta. Los diferentes rituales y códigos continúan impregnando todos los aspectos de su vida y el lenguaje simbólico del kimono, es una parte esencial de los mismos. 

Este post está registrado bajo licencia Safe Creative Commons Attribution-NoDerivatives 4.0 International (CC BY-NC-ND 4.0) y ya había sido publicado en mi anterior blog el día 12 junio 2020

Enlaces de interés

Minna no Kimono: https://www.minnanokimono.com/

Casa Asia: https://www.casaasia.es/

Referencias

(1) DALBY, Liza. Geisha, Barcelona, MONDADORI, 2000, p. 278

(2) DOWNER, Lesley. Geisha. The secret history of a vanishing world, London, Headline Book Publishing, 2001, p. 284

(3) Dato facilitado por Laura Maraver, experta en kimono

(4) VILARÓ, Eugènia. Geisha. Los secretos del mundo flotante, Barcelona, Shinden Ediciones, 2006, p. 187

(5) DALBY, Liza. Geisha, op. cit., p. 289

(6) DOWNER, Lesley. Geisha. The secret history …, op.cit., p. 261

(7) Ibidem, p. 264

(8) DALBY, Liza. Geisha, op. cit., p. 290

(9) VILARÓ, Eugènia. Geisha. Los secretos…, op. cit., p. 188

(10)  DALBY, Liza. Kimono, London, Vintage, 1993, p. 191 

(11) Maiko literalmente bailarina. Aprendiz de geisha en Kioto

(12) DALBY, Liza. Kimono, op.cit., p. 342

(13) DOWNER, Lesley. Geisha. The secret history …, op.cit., p. 95

(14) No fue una costurera sino una profesora. Laura Maraver nos aclaró este dato

(15) DALBY, Liza. Kimono, op. cit., p. 211

(16) Ibidem, p. 343

(17) Ibidem, p. 337  

(18) Tanto las características sobre la anchura del obi como sobre la longitud del kimono, nos han sido facilitadas por Laura Maraver

(19) DALBY, Liza. Kimono, op.cit., p. 338 

(20) Ibidem, p. 338

(21) DALBY, Liza. Geisha, op.cit., p. 284 

(22)  DALBY, Liza. Kimono, op. cit., p. 341

(23) DALBY, Liza. Geisha, op.cit., p. 281 

(24) Geiko equivale a geisha en el dialecto de Kioto

(25) SCOTT, A.C. «Clothes do much upon the wit» en The Flower and the Willow World. The Story of the Geisha, United States of America, The Haddon Craftsmen, Inc., 1960, p. 100 -101

(26) Ibidem, p. 101

(27) DALBY, Liza. Kimono, op.cit., p. 338 

(28) DALBY, Liza. Geisha, op.cit., p. 275

(29)VILARÓ, Eugènia. Geisha. Los secretos…, op. cit., p. 186, DALBY, Liza. Kimono, op.cit., p. 294

BIBLIOGRAFÍA

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IWASAKI, Mineko. Vida de una geisha, Barcelona, Ediciones B, S.A., 2002

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VILARÓ, Eugènia. Geisha. Los secretos del mundo flotante, Barcelona, Shinden Ediciones, 2006